Tristeza en el Báltico: Menos y peores empleos para las trabajadoras en Estonia.

Trabajo, Revista de la OIT - Nbr. 31, September 1999


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Antes de la independencia, las mujeres de Estonia tenían garantizados el pleno empleo y la igualdad en el trabajo... sobre el papel. Sin embargo, las cosas han cambiado desde entonces. Las dos garantías han pasado a la historia y han sido reemplazadas por las duras realidades de la nueva economía de mercado. Hoy, el Gobierno y la OIT exploran nuevas vías para hacia la igualdad de la mujer trabajadora. Nos lo cuenta la periodista Leyla Alyanak.

Text:

 

TALLINN, Estonia - Al despuntar el alba sobre el asentamiento rural de Estonia donde vive Liia - profesora de 38 años de edad - con su numerosa familia, se inicia para ella una larga jornada de trabajo, antes, incluso, de salir de casa.

Después de encender el fogón para calentar el agua y cocer patatas para los cerdos, Liia da de comer a los animales y ordeña sus ocho vacas. Luego, despierta a la familia y sirve el desayuno que ha preparado la noche anterior.

En una entrevista reciente, Liia confesaba: "Mi jornada empieza a las 4 de la madrugada. No como nada por la mañana; sólo tengo 10 minutos para arreglarme y empezar a trabajar."

Por la tarde, corrige los deberes de sus alumnos; a continuación, repite las tareas de la mañana y prepara el desayuno para el día siguiente.

Para el común de la gente, los esfuerzos que Liia debe realizar para conjugar su función de esposa y madre con el desempeño de un puesto de trabajo remunerado resultarían difíciles de afrontar. En la actualidad, no obstante, Liia tiene una preocupación adicional. Si perdiese el empleo, le resultaría sumamente difícil encontrar otro puesto en un mercado de trabajo difícil, en que se demandan abiertamente en los anuncios "mujeres jóvenes y esbeltas". Además, en cualquier actividad a que se dedique, es posible que se encuentre en una situación de abierta inferioridad, tanto por el sueldo como respecto a la categoría del puesto.

Desde que este pequeño país de 1,4 millones de habitantes recuperó su independencia en 1991 - pues ya había sido independiente durante el período de entreguerras -, las mujeres han sido las más perjudicadas por la contracción del mercado de trabajo. Al reducirse la población empleada de 800.000 a 600.000 personas, hay más mujeres que hombres desempleadas o subempleadas, concretamente, un 38,3 por ciento de mujeres frente a un 24,7 por ciento de hombres. Además, las mujeres suelen desempeñar los trabajos peor retribuidos, incluso si están más capacitadas; ganan menos que los hombres en la mayoría de las profesiones; y suelen dedicarse más al escasamente retribuido sector público que a la empresa privada.

Nuevas libertades, más complicaciones

En esta nueva economía de transición, la vida de la mujer se ha complicado más. Además de la desaparición del empleo garantizado para todos, el cierre de muchos centros de cuidados de día y de otras instalaciones destinadas a los ancianos ha obligado a muchas mujeres a permanecer más tiempo que antes en el hogar, cuidando de la familia, lo que, a su vez, contribuye a mermar, no sólo su capacidad para encontrar empleo, sino también los ingresos del núcleo familiar.

Estos problemas son particularmente evidentes en las zonas rurales, donde el desmantelamiento de las granjas colectivas ha privado de empleo a millares de mujeres. En Tuhala, distrito rural situado a unos 25 kilómetros de la capital, Tallinn, Tiuu Soans ha descubierto el modo de llegar a fin de mes: ha transformado su granja en un hotel rural.

Asegura que "no ha sido fácil. Hace cinco años, la situación era novedosa y anómala. De repente, adquirimos conciencia de que teníamos que luchar solos, tomar decisiones y asumir responsabilidades."

Movida por el deseo de ayudar a sus semejantes a asumir los cambios que conmueven el país, Tiiu Soans fundó el Sindicato de Mujeres Rurales de Estonia, activo en la reorientación profesional y en la capacitación de la mujer para afrontar la transición. Tiiu está escandalizada por las diferencias existentes en Estonia entre los ciudadanos de uno y otro sexo. "Se proclamó formalmente la igualdad; nos hablaban de ella todos los días, en los periódicos, en la radio...Todos dábamos por sentado que éramos iguales."

Desmintiendo las garantías formales

"Bajo el régimen soviético, oíamos esa palabra continuamente", responde Reet Laja, alto funcionario del Ministerio de Asuntos Sociales a las preguntas sobre la igualdad de la mujer en el lugar de trabajo. "La mayoría de las mujeres pensaban que ya habían alcanzado la igualdad. El descubrimiento de que no era así constituyó un trauma para ellas."

Ciertamente, en los países de economía en transición, en que las realidades del capitalismo y la economía de mercado han empezado a hacerse sentir, las mujeres comienzan a descubrir que el otrora tan reiterado principio de la igualdad de la mujer en el lugar de trabajo ha dejado de estar garantizado.

Según el Informe sobre el Desarrollo Humano elaborado en 1999 por el PNUMA, "uno de los peores fracasos protagonizados por las naciones de economía en transición ha sido el acusado empeoramiento de la desigualdad entre ambos sexos en los ámbitos político, económico y social." Ciertamente, en todos los territorios de la antigua Unión Soviética, las mujeres están descubriendo que, como consecuencia de la reforma agraria y económica, son sus puestos de trabajo y no los que desempeñan los hombres los primeros en desaparecer.

Estonia dista de ser un caso único. En un estudio recientemente realizado por el Banco Mundial en Orel, ciudad situada a unos 300 kilómetros al sur de Moscú, se ponen de relieve algunos de los aspectos más negativos de la discriminación de la mujer en el medio rural. En efecto, la redistribución de la tierra se realiza en el marco de la reforma agraria conforme a criterios de antigüedad en el empleo y de nivel salarial, lo que hace que las mujeres sigan siendo las más perjudicadas, ya que suelen ganar menos que los hombres a lo largo de su vida económicamente activa. Como consecuencia, a pesar de que las mujeres constituyen la mayor parte de la fuerza de trabajo agraria de Rusia, la mayoría de las fincas han sido y siguen siendo propiedad de los hombres.(1)

Uno de los mayores contratiempos sufridos por las mujeres se ha producido en el mercado de trabajo estructurado. Las mujeres han pasado, de disfrutar de una situación de empleo garantizado de por vida, a soportar una subsistencia precaria en la que contemplan con frustración cómo las promesas de un futuro estable se trocaban en un presente de desempleo o subempleo.

En muchos países del antiguo bloque del Este, las mujeres ganan menos que los hombres de igual cualificación. Por ejemplo, en Polonia, los hombres con una titulación universitaria ganan mensualmente, en promedio, un 40 por ciento más que las mujeres del mismo nivel de formación. En Letonia, el sueldo medio de las mujeres empleadas a jornada completa es entre un 14 por ciento y un 32 por ciento inferior al de los hombres. Además de ganar menos por realizar el mismo trabajo, las mujeres suelen estar relegadas a las categorías profesionales peor retribuidas. Así, en Croacia, las mujeres constituyen el 70 por ciento de la fuerza de trabajo administrativo del país y el 55 por ciento de la población empleada en puestos de escasa cualificación.(2)

Aunque la legislación vigente en muchos de estos países prohíbe la discriminación sexual en el empleo, aquélla no suele aplicarse en la práctica. Según Grazina Gruzdiene, del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación de Lituania, "la elevada tasa de desempleo masculino es uno de los diversos factores que constriñen en medida creciente a la mujer a desempeñar la única función para la que la sociedad la considera capacitada: la de madre y esposa".

En busca de más y mejores puestos de trabajo

La vuelta a los valores tradicionales complica el problema que afrontan las mujeres de Estonia.

"La opinión dominante respecto al papel de los sexos sigue siendo patriarcal y conservadora", asegura Riina Kutt, Coordinadora General para Estonia del Programa Internacional para Más y Mejores Puestos de Trabajo para la Mujer de la OIT, creado en 1997 tras la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer y la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, con objeto de renovar el tradicional compromiso de la OIT con la igualdad de los sexos en el empleo. "De hecho, durante la transición se ha reforzado la insistencia en las funciones tradicionales de ambos sexos".

Con el nuevo proyecto piloto que se lleva a cabo en el condado de Valga, en el sudeste del país, se pretende aminorar las desigualdades y procurar una solución para las mujeres del medio rural. El objetivo del plan consiste en ayudar a las mujeres más marginadas de Valga a obtener ingresos como trabajadoras autónomas.

La Coordinadora de la OIT asegura que "elegimos Valga porque es el segundo distrito con mayor tasa de paro del país. Es una zona rural, por lo que el desempleo se ha incrementado desde el desmantelamiento de las granjas colectivas y estatales. Desaparecieron muchos puestos de trabajo desempeñados por las mujeres, que se encontraban en situación de desventaja económica y a las que ha resultado extremadamente difícil volver a emplearse. Aunque algunas poseen una cualificación elevada, las oportunidades son escasas."

Mediante la prospección de las perspectivas económicas de las mujeres del lugar, el proyecto del condado de Valga permitirá ayudarlas a convertir sus ideas en actividades lucrativas, aliviando así algunos de las peores efectos de la transición. El turismo es una de las posibilidades, dado que ésta es la región de relieve más ondulado de Estonia y tiene un poderoso imán para el turismo en invierno y en verano.

Sin embargo, el estudio de las posibilidades reales constituye una tarea ímproba. Por otra parte, los decenios de estabilidad han privado a numerosas mujeres de su capacidad para forjarse un futuro y tomar sus propias decisiones.

"Tenemos que aprenderlo todo..."

El Gobierno no es insensible a las crecientes diferencias entre hombres y mujeres y se esfuerza por combatir las más negativas.

"Al principio, yo quería crear una unidad especial dedicada a la igualdad, debido a que no existía un organismo público dedicado a los problemas de la mujer", asegura Reet Laja, del Ministerio de Asuntos Sociales. Aunque pocas mujeres están en favor de una vuelta al pasado, tienen ante sí una difícil tarea para conquistar en la práctica lo que en otro tiempo disfrutaban en teoría. Uno de los escollos más fuertes reside en persuadir a la clase dominante, hegemónicamente masculina, de que realmente existe un problema. También está la dificultad de combatir las nacientes actitudes "reaccionarias" que inevitablemente se reproducen en los tiempos de crisis.

Añade la Sra. Laja, del Ministerio de Asuntos Sociales: "La Secretaría para la Igualdad no se creó aquí hasta 1996. Antes, no había necesidad de contar con este servicio; ahora, sin embargo, es preciso demostrar la existencia de desigualdades, porque la gente no tiene idea de los problemas de la mujer".

"Las mujeres de Estonia poseen un elevado nivel de educación, pero carecemos de experiencia en la economía de mercado", afirma la Sra. Kutt. "La cultura empresarial es muy limitada en Estonia, aunque ha sobrevivido alguna del período de entre guerras. Tenemos que aprenderlo todo."

Véase más información sobre el Programa Internacional en Favor de Más y Mejores Puestos de Trabajo para la Mujer en el sitio-web del programa, en www.ilo.org, o bien estableciendo contacto con la OIT en el teléfono +41.22/799-8276, o en el fax +41.22/799-7657, o bien a través del correo electrónico, en womemp(a)ilo.org.

* * * * *

(1) Gender and Property Rights: Women and Agrarian Reform in Russia and Moldova, Estudio del Banco Mundial, 1995.

(2) Human Development Report for Europe and the CIS: Transition 1999, PNUD, Págs. 66-76.

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