Lan Harremanak: Revista de Relaciones Laborales - Nbr. 3, July 2000
José A. Pérez Pérez - Norberto Ibáñez Ortega - Dpto. Historia Contemporánea. UPV/EHU
Permanent Link:
http://vlex.com/vid/fiebre-productiva-racionalizacion-dirigida-248373
Id. vLex: VLEX-248373
A partir de la década de los años 20 los centros industriales más importantes del país comenzaron a incorporar una nueva organización del trabajo. Este proceso también afectó a Vizcaya. Las fábricas fueron introduciendo, primero de una forma tímida y más adelante de un modo más generalizado, nuevos sistemas de producción que dieron lugar a una importante transformación en el mundo laboral. Las condiciones de trabajo se vieron directamente afectadas por este cambio.
La organización científica del trabajo en Vizcaya (1923-1975): fiebre productiva y consecuencias sociales de una racionalización dirigida
“Entre las dos guerras mundiales la Organización Científica del Trabajo alcanzó su mayor auge. Entonces fue, cuando en un clima de fervor casi místico –como es habitual en todo movimiento social de racionalización–, penetró en las empresas y las administraciones. Dio lugar a debates y polémicas apasionadas y pareció transformar la naturaleza misma y la puesta en juego de las luchas sociales”
Pocas definiciones como la anterior (Mottez, 1972: 9) reflejan la transcendencia que habría de tener en el mundo laboral la introducción de los postulados de la denominada Organización Científica del Trabajo (O.C.T.). Equivalente al término inglés de scientific management o scientific administration, esta nueva filosofía trató de sistematizar, bajo una nomenclatura y unos planteamientos científicos, los esfuerzos por conseguir un mayor rendimiento de los procesos productivos. El medio para conseguirlo pasaba indefectiblemente por la racionalización de los mismos. El novedoso concepto de Organización Científica del Trabajo (O.C.T) se refería a un conjunto de principios y técnicas enunciadas por Taylor y otros especialistas, como Gilbreth y Gantt. Su fundamentación partía de la simplificación de los procesos del trabajo, por medio de la observación de las condiciones en que se realizaba. Algunos de los criterios básicos para su aplicación eran la determinación de tiempos y movimientos para su ejecución, la estandarización de herramientas y equipo1, así como el pago de bonificaciones (Fraguero, 1946: 89) En consecuencia, la aplicación sistematizada de estos nuevos métodos posibilitaba un incremento de la producción y rendimiento con un mínimo de costes. La organización científica exigía un cambio de actitudes en el trabajador y el consiguiente abandono de todos los procedimientos tradicionales. Por tanto, implicaba un control y pérdida de valor de sus propios conocimientos, por medio de la mecanización y la implantación de un modelo de disciplina (Montgomery, 1985: 145). La supeditación del trabajador, requería de un individualismo, cuya intención era romper los vínculos entre los trabajadores y su armonización de intereses con los empresarios (Castillo, 1978: 39-71). Este último principio era coincidente con los intereses corporativistas del trabajo y de cooperación industrial. En cualquier caso, y a pesar de nuestro epígrafe los intentos por racionalizar los sistemas productivos no se iniciaron en la década de los años 20; eran tan antiguos en la industria como la propia industrialización. Lo mismo se puede afirmar con respecto a las consecuencias sociales que acarrearon (Thompson, 1984 y Hosbswan, 1979). Por lo que se refiere al País Vasco, y más concretamente en Vizcaya, los propietarios de las minas se afanaron desde muy temprano en buscar una rentabilidad a las labores de extracción. Los paganos fueron los trabajadores. Rápidamente se impuso a los mineros una fuerte disciplina, con unos horarios regulares y unas tareas específicas. En aquellas áreas y sectores como el minero donde no existía una tradición artesanal ni unos referentes históricos concretos, el éxito de los patronos y en consecuencia, de la producción capitalista, fue patente, a pesar de las convulsiones sociales que provocaría desde finales del siglo pasado. Sin embargo, en otras zonas como Eibar, con una cierta tradición artesanal y manufacturera, el proceso de introducción de nuevos hábitos de trabajo, a pesar de resultar menos dificultosa en principio, tuvo que romper con ciertas prácticas y establecer un modelo de trabajo que incentivase el rendimiento del operario (Castells, 1993: 193-194). Efectivamente las reacciones de los trabajadores no se hicieron esperar. Como ha apuntado I. Zubero, siguiendo a Braverman: “Bajo la aparente habituación al modo de producción capitalista subsiste como una corriente subterránea la hostilidad de los trabajadores que aflora cuando las condiciones lo permiten en forma de protesta o desafección, mostrándose repetidamente como un problema social que demanda solución” (Braverman, 1980). Todo ello no quiere decir que se manifestasen siempre en forma de conflictos abiertos, como veremos más adelante, pero sus consecuencias sobre la propia percepción del mundo del trabajo cambió radicalmente. La cualificación laboral, la formación, la retribución salarial, la seguridad, el consumo, la competitividad, el tiempo..., es decir, todos aquellos elementos que componen el mundo y la cultura laborales se vieron alterados (Zubero, 1998: 9). A lo largo de las páginas siguientes trataremos de profundizar en los diferentes factores que han concurrido en la racionalización del trabajo en Vizcaya a lo largo del presente siglo: el debate teórico, la posición y el discurso adoptado por los diferentes agentes sociales y políticos, desde el Estado (en sus diferentes regímenes), hasta el mundo empresar...
If you are already a vLex customer, Access Here