Lan Harremanak: Revista de Relaciones Laborales - Nbr. 6, January 2002
Susana Serrano - Colab. Investigación Depto.Historia Contemporánea Fac.Cs.Soc. y Comunicación Univ.País Vasco
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La Ría de Bilbao, epicentro de la moderna industrialización vasca que arrancó en el último cuarto del siglo XIX, ha vivido a lo largo de cien años el despegue, la expansión, la crisis y la reconversión de su industria, pilar básico en el seno de la economía regional. Las consecuencias de la quiebra del modelo económico basado en la industria se han manifestado a nivel mundial, si bien han afectado con mayor dureza y gravedad a las viejas regiones industrializadas que, como la Ría, se habían caracterizado por su larga tradición y fuerte especialización en sectores básicos (siderurgia, construcción naval, metalurgia, etc.). El cierre de empresas y el desempleo fueron contestados socialmente y se hicieron presentes los desequilibrios territoriales. Pese a la reestructuración económica y a la reconversión industrial acometida, aún quedan problemas por resolver, el paro es el más preocupante de ellos. Dicho proceso, complejo y heterogéneo desde las más diversas perspectivas, no debe ser valorado bajo la concepción de un modelo único, de ahí la investigación presente.
Despegue, expansión, crisis y reconversión (1860-2000). La vida del eje industrial vertebrado por la ría de Bilbao
A inicios del XIX tocaba a su fin el tradicional sistema económico del País Vasco, con el declinar de sus dos pilares básicos, el comercio y la industria siderúrgica desarrollada en las ya obsoletas ferrerías. Tras un período de inestabilidad, en el que al tiempo que iban desapareciendo algunas de las viejas unidades productivas emergían ciertas alternativas renovadoras, arrancó un proceso de modernización que vería finalmente consolidar un nuevo modelo económico, aquel que tendría a la industria, en el caso vasco a la industria siderometalúrgica, como soporte estructural. El cambio supuso también asumir nuevas fórmulas productivas, la introducción de la concepción de la organización empresarial, así como del trabajo asalariado, la movilización de amplios volúmenes de capital y la aplicación de modernas tecnologías importadas de Europa. Podríamos ir más allá incluso, pero no ha lugar. Cien años después, al filo del último cuarto del siglo XX, la historia se repetía, el modelo imperante se mostraba agotado, quedaba anticuado y, una vez más, resurgía el ciclo de la renovación, del cambio. Próximos a la inauguración del III Milenio, tras devaneos y titubeos, se imponía ya un nuevo orden mundial, un nuevo sistema económico en el que el sector terciario había tomado el relevo de la industria, mientras que ésta había tenido que acometer una dura reconversión y reestructuración. Las viejas áreas industrializadas, de larga tradición y fuerte especialización en sectores básicos (siderurgia, construcción naval, metalurgia, etc.), han vivido las consecuencias del proceso con especial gravedad, factor territorial que no se nos debe escapar, máxime cuando es preciso entender que se trata de un proceso complejo y heterogéneo desde sus más diversas perspectivas y que, por tanto, no puede contemplarse bajo el prisma de un modelo único. La Ría de Bilbao será nuestro mejor laboratorio de investigación. I. La quiebra del sistema económico tradicional. Crisis y desindustrialización en el primer tercio del XIX Al finalizar el siglo XVIII, la siderurgia tradicional constituía el pilar de la economía vizcaína. No se manifestaba así, con tanta rotundidad, en Guipúzcoa y menos aún en Álava, donde apenas era perceptible. Primacía siderúrgica de Bizkaia que corroboran los datos que se desprendían del reparto sectorial del Producto Bruto: 15.400.000 rs. procedentes del Producto siderúrgico y 11.500.000 rs. del Producto agrícola; en Guipúzcoa la distribución era de 7.050.000 rs. y 13.200.000 rs., y en Álava de 900.000 rs. y 20.200.000 rs., respectivamente en ambos casos1
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