Anuario de Historia del Derecho Español - Nbr. LXXIV, January 2004
Carmen Bolaños Mejías
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Id. vLex: VLEX-373747
I. Introducción.-II. Proyección social del valido.-III. Formulación doctrinal y política.-IV. El poder político como instrumento de cambio.-V. Cortes de 1619.-VI. Teoría y práctica de gobierno.-VII. Conclusiones.
Fracaso de la reforma institucional a finales del reinado de Felipe III
I. Introducción Durante el siglo XVII se produjo una profunda evolución de la administración de carácter organizativo y funcional que afectó a la relación establecida entre el rey y la aristocracia, obligando a ésta a profesionalizarse, so pena de verse excluida del ámbito de influencia del gobierno de la monarquía, de manera que los miembros de la nobleza que deseaban permanecer en el círculo íntimo del rey optaron por prepararse convenientemente. Este afán de formación no era más que una de las estrategias que la nobleza debió utilizar para adecuarse coherentemente a los requisitos que exigía la administración del Estado, adjudicándose nuevas funciones que la incluyeran como pieza fundamental en la estructura burocrática de la administración y que, a la par, le permitieran conservar su preeminencia social y económica. El monarca ocupaba la cabeza del entramado orgánico de la administración y ejercía un poder soberano, y no presentó ningún obstáculo que en la práctica estuviese asistido por consejeros que le ofertaban diversas opciones para la acción de gobierno, siendo de su exclusividad tomar la definitiva decisión sobre cualquier asunto. La colaboración entre el rey y los consejos era un principio fundamental de la literatura política, por lo que, a la hora de entender la figura del "valido", resultará más fácil considerar el papel decisivo de algunos consejeros y las distinciones que el soberano les concedía. Desde un punto de vista funcional no era sino una variante de consejero, en la cual la relación que se daba entre el monarca y el favorito se definía por los poderes que ejercía, circunscritos al rey. Algunos estudios recientes sobre los validos han argumentado su naturaleza y la evolución del valimiento en la monarquía española precisamente a partir del proceso de adaptación de la aristocracia a las necesidades institucionales del Estado 1, demostrándose así que la nobleza no estaba dispuesta a ceder su espacio cortesano, por lo que a través del valido o privado institucionalizó una figura que le permitiese intervenir en la dirección del Estado y le situase por encima de cualquier otra instancia político-administrativa. Según nos recuerda Tomás y Valiente, los validos en el siglo XVII podían ser mediocres o excelentes políticos, pero en definitiva, hombres de gobierno, ministros y aun primeros ministros del rey, que usaron de la amistad y la confianza reales como presupuesto legitimador 2. Esta premisa conduce inevitablemente a la conclusión que el mismo autor establece como requisito característico del valido: la íntima amistad con el rey. Sin embargo, en referencia a la última década del reinado de Felipe III, es más prudente reconocer la importancia que tuvieron las rencillas nobiliarias en el proceso de inserción de la aristocracia en el centro del poder estatal, movida por la alta significación que se lograba en el plano político y en el social 3. Consanguinidad y afinidad eran la base del sistema, convirtiendo a las redes familiares en la principal fuente de apoyo del modo de gobernar. Además dichas redes clientelares operaban de tal manera que ciertas familias o miembros eran preferidos cuando había que ocupar los puestos más altos de la administración, de forma que, cuando un miembro de dicho grupo alcanzaba una posición destacada gracias a su amistad con el soberano, debía emplear sus posibilidades de patronazgo al servicio del rey, pues sus facultades e intervenciones en el gobierno provenían del cargo que ocupaba y que le determinaba como primer servidor del rey más que como pieza fundamental del gobierno. Este proceso de inserción de la aristocracia como elemento clave de la administración del Estado resulta indispensable para situar en su justo punto la existencia del valido. A priori, el funcionamiento de esta institución implicaba una estructura de fidelidad clientelar que puede interpretarse como la permanencia residual de una obediencia interna al clan y a la propia estructura de una sociedad jerarquizada, pero no podemos dejar de advertir ciertas novedades. La fidelidad al valido y a su facción se profesaba con miras a utilizar el patronazgo regio, a explotar los recursos públicos y a consolidarse en la esfera del poder. No debemos olvidar que, en la práctica, era la opinión del valido la que constituía la base de muchas operaciones de la monarquía y la que, con su actuación, potenció el poder absoluto del rey. El objetivo de este trabajo no es abordar una lucha de facciones cortesanas, sino demostrar que, para una parte importante de la aristocracia castellana, el acceso al poder requería de una fórmula calculada para promover el relevo gubernamental en un período marcado por un sustrato de efervescencia política e intelectual en el que se buscaban soluciones a los problemas que afectaban al gobierno de la Monarquía Hispánica. En cuanto al modo de actuación del...
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