Derecho penal y criminología como fundamento de la política criminal
Francis T. Cullen; Leah E. Daigle; Constance L. Chapple - Universidad de Cincinnati; Universidad de Georgia del Sur; Universidad de Cincinnati
Section: Estudios de criminología
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1. Introducción 2. La continuidad en la delincuencia: la teoría general del delito de Gottfredson y Hirschi 2.1. La teoría del autocontrol 2.2. Estado empírico de la teoría del autocontrol 3. La continuidad o el cambio en la delincuencia: taxonomía del desarrollo de Moffitt 3.1. La taxonomía bigrupal de Moffitt 3.2. Apoyo empírico a la taxonomía de Moffitt 3.3. Desafíos a la Tipología de Moffitt 4. La continuidad y el cambio en la delincuencia: teoría del control social de Sampson y Laub 4.1. El desafío a Gottfredson y Hirschi 4.2. El desafío a Moffitt 5. Conclusión Bibliografía
El desarrollo de la criminología del curso vital en Estados Unidos: Tres teorías centrales
1. Introducción Hasta aproximadamente hace diez años, la mayoría de los criminólogos estadounidenses prestaban poca atención a la infancia. Aunque no se especificó explícitamente, estos estudiosos suponían que lo transcurrido en los primeros años de vida no tenía un carácter decisivo respecto a la causación del delito. No contemplaban la participación en el delito como un proceso de desarrollo. Más bien, acogían el punto de vista de que con independencia de lo que sucediese en la etapa inicial de la vida, los orígenes clave del delito se situaban durante los años de adolescencia. Parecían tener una imperiosa razón para ignorar a la infancia en favor de la adolescencia. La investigación existente mostraba que la participación en la mayoría de los delitos ascendía de un modo constante a medida que los jóvenes crecían, y alcanzó su punto máximo durante los últimos años de la adolescencia o, en el caso de los delitos más violentos, en los primeros años de la veintena; a partir de entonces, disminuyó la participación delictiva, a medida que aumentó la edad de las personas (Wilson y Herrnstein, 1985). Así, el modelo empírico -denominado con frecuencia «curva edad-delito»- sugería que existía algo único sobre los años de adolescencia que atraía a la mayoría de los jóvenes hacia algún tipo de delito, y a una minoría de los jóvenes hacia una elevada incidencia del delito. Es decir, ¿qué sucedía en este periodo de la vida, que parecía ocasionar el hecho de que los jóvenes se introdujesen repentinamente en el delito, con una frecuencia sin precedentes, y a continuación lo abandonasen al madurar en la edad adulta? De hecho, la presunción de que los años de adolescencia fueron criminogenios dio lugar a teorías especiales sobre la delincuencia. Así, los estudiosos argumentaron que la adolescencia expone a los jóvenes a tensiones ocasionadas por no lograr una determinada posición en el colegio o un trabajo bien pagado («teoría de la tensión»); o a grupos de amigos antisociales que les enseñan a aprobar la delincuencia («teoría de la asociación diferencial»); o a un debilitamiento de los vínculos sociales con los padres y los colegios («teoría del control»); o quizá, a ser tildados por los tribunales de «chico malo» o delincuente («teoría del etiquetado»). Aunque estos criminólogos discrepaban en cuanto al factor que era más importante en la causación de la delincuencia, estaban de acuerdo en que las fuentes principales del delito se daban durante los años de adolescencia. Los estudiosos estadounidenses tenían una razón práctica para pregonar a los cuatro vientos la importancia de centrarse en la delincuencia: los estudios autoinformados. Para recopilar datos que probasen las teorías existentes, los criminólogos iban a la escuela secundaria (junior high school o high school) de una comunidad, y distribuían un cuestionario. Este instrumento de sondeo contenía tanto (1) una escala que medía el número de veces que los jóvenes cometían una variedad de actos delictivos durante el año anterior (por ejemplo, «pegar a alguien», «robar algo por un valor superior a 10 $»), como (2) artículos que medían las variables clave de una teoría (por ejemplo, el número de amigos delincuentes que tenía el joven, o la medida en que el joven estaba vinculado a sus padres). Los adolescentes eran candidatos ideales para cumplimentar estos cuestionarios porque se congregaban todos los días en el colegio, y tenían una edad suficiente para responder a estas preguntas utilizando papel y lápiz. En resumen, era relativamente conveniente estudiar a los adolescentes, y así, evaluar empíricamente las teorías sobre la delincuencia. Sin embargo, a principios de la década de 1990, los estudiosos comenzaron a cuestionar la presunción de que los jóvenes iniciaban la adolescencia con el mismo riesgo de cometer actos delictivos, especialmente delitos graves en un índice elevado y por un largo periodo de tiempo....
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