Derecho penal y criminología como fundamento de la política criminal
Diana H. Fishbein - Programa de Ciencia Conductual Transdisciplinar Research Triangle Institute International
Section: Estudios de criminología
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1. Introducción 2. El subgrupo difícil de tratar 3. Alcance del problema 4. Fenomenología de la agresión 5. Función cognitiva ejecutiva y agresión impulsiva 6. Regulación y percepción emocional, ECF y agresión 7. Mediciones fisiológicas de la regulación emocional 8. El papel moderador del abuso de drogas 9. Conclusiones de estudios preliminares 10. El papel de la función neuropsicológica en los resultados de las intervenciones 11. Conclusiones 12. Intervenciones que funcionan Bibliografía
Procesos reguladores neuropsicológicos y emocionales en el comportamiento antisocial
1. Introducción Piense un momento en la cantidad de personas del mundo entero que están o que han estado en prisión. Las cifras son altas, y sin embargo muchos de nosotros tenemos la idea de que esas personas son muy parecidas; de que tal vez toda su desviación tiene su origen en los mismos problemas, por lo que tendemos a centrarnos, en este sentido, en las «causas» sociales, familiares y sistemáticas. Sabemos, por ejemplo, que unos ingresos bajos, una escasa atención parental, el maltrato infantil, la violencia mediática y muchos otros factores sociales tienen que ver con la desviación de quienes se adentran en la delincuencia. Pero lo que diferencia a los delincuentes entre sí, y lo que los distingue de la comunidad general de otros que viven bajo las mismas condiciones, es el hecho de que no todos los individuos reaccionan de la misma manera ante condiciones ambientales parecidas. ¿Por qué las personas reaccionan de modo diferente pese a tener similares adversidades, factores de estrés, estilos de educar a los hijos y barrios? Y también, dadas las distintas influencias del entorno, ¿por qué algunas personas responden de manera similar; por ej., delincuentes violentos que proceden de entornos acomodados frente a otros provenientes de entornos pobres? Puede que haya razones más intrínsecas, más biológicas que expliquen esta diversidad. En este artículo se habla del papel potencialmente tan decisivo que puede tener la forma en que nuestro cerebro procesa la información tanto cognitiva como emocional procedente de nuestro entorno a la hora de generar una conducta antisocial. No todos percibimos la misma situación, intención o resultado en un acontecimiento cualquiera, ni tampoco reaccionamos ante esa percepción de la misma manera. Y la razón puede estribar en la estructura y función de nuestro cerebro, que no sólo está diseñado de modo diferente en cada uno de nosotros, sino que también se ve afectado de forma distinta por las experiencias ambientales y sociales. De hecho, estas experiencias pueden realmente alterar anatómica y funcionalmente el modo en que nuestro cerebro se desarrolla en la infancia y después a lo largo de toda la vida. Por lo tanto, proponemos un modelo de comportamiento que se ve influido por factores genéticos, biológicos y sociales para explicar las razones por las que no todas las personas que viven en circunstancias adversas acaban delinquiendo, y por qué no todos los delincuentes son iguales. En este capítulo nos ocuparemos en particular de un subgrupo de infractores que adoptan reiteradamente un comportamiento peligroso sin atender a sus consecuencias, y que no son receptivos a muchas de nuestras pautas de tratamiento más «efectivas». Idear intervenciones más efectivas para este grupo es nuestro mejor desafío pero también el que más merece la pena. 2. El subgrupo difícil de tratar Los presos episódicamente agresivos, tanto impulsivos como predatorios, constituyen uno de los problemas más acuciantes para las fuerzas y cuerpos de seguridad, los juzgados y los sistemas penitenciarios, por no hablar del público en general (Corrections Program Office, 1999). Sin embargo, existen pocos programas comunitarios, privados o correccionales para tratar a estos presos. Muchas cárceles, por ejemplo, los llevan a unidades de segregación de 23 horas para minimizar los riesgos para la seguridad que plantean y para evitar emplear unos recursos de tratamiento escasos en un colectivo que no responde a los planteamientos convencionales. En algunos Estados, los delincuentes toxicómanos con puntuaciones altas en el Psychopathy Checklist (PCL-R) (Hare, 1991), un indicador de los rasgos antisociales, quedan fuera de estos programas de tratamiento correccional. La seguridad pública se ve claramente beneficiada si se logra identificar con precisión a estos delincuentes y aplicar más los tratamientos con mayor eficacia. La investigación reciente sobre los mecanismos subyacentes a la agresión puede ser aplicable a este subgrupo de delincuentes que son en gran medida responsables de (a) una cantidad desproporcionada de delitos de agresión contra personas, (b) altos índices de reincidencia, (c) un número significativo de contravenciones de normas institucionales, (d) índices elevados de abuso...
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