Derecho penal y criminología como fundamento de la política criminal
Carmen Herrero Alonso; Eugenio Garrido Martín; Jaume Masip Pallejá; Diana Pérez Arechaederra - Universidad de Salamanca
Section: Estudios de criminología
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Como parte de una investigación más amplia sobre reacciones sociales hacia las víctimas de los delitos sexuales y sobre la percepción de justicia en algunas instancias del sistema legal el presente trabajo tiene como principal objetivo examinar las expectativas sociales respecto a la comunicación del delito por parte de las víctimas a amigos, familiares y a la policía. Se predecía que las expectativas de los sujetos variarían en función de las características de la situación delictiva (tipo de delito, tipo de situación delictiva y reacción de la víctima) y del sexo. 881 personas de la población general (504 mujeres y 377 hombres) fueron entrevistadas y se les presentaron una de ocho posibles situaciones delictivas. Posteriormente los sujetos completaron un cuestionario en que había distintas cuestiones referidas a la probabilidad y a la gravedad percibidas del delito, así como a sus creencias respecto a si la víctima comunicaría lo sucedido. Los resultados ponen de manifiesto que los juicios que emiten los sujetos varían en función de que la situación delictiva que se les presenta constituya un robo o una violación, de que sean situaciones estereotipadas o no estereotipadas, y de que la víctima reaccione de forma estereotipada o no estereotipada ante tales situaciones. Los resultados respecto al sexo no conducen a pensar que hombres y mujeres mantengan distintas expectativas o creencias respecto a la comunicación del delito por parte de las víctimas e indican que no existe una correspondencia simple y automática entre ser hombre o mujer y los juicios que se emiten sobre la violación y sus víctimas. Se discuten las implicaciones de estos resultados para el proceso de toma de decisiones de las víctimas.
Gravedad percibida de algunos delitos y probabilidad estimada de denunciarlos: El efecto de las características de la situación delictiva y del sexo
2. Introducción La agresión sexual en general y la violación en particular es probablemente uno de los delitos que más controversia suscita en la opinión pública y que más reacciones sociales contradictorias genera.1 Por una parte es uno de los delitos que la gente califica como más grave (Howe, 1988). Se considera tan grave e incluso más que el homicidio o que el atentado terrorista (Melia el al., 1992). Se piensa que es el acto más horroroso que una persona puede sufrir y en el que la víctima, además de padecer el delito, queda indefensa ante un sistema de justicia que según los ciudadanos no castiga tan duramente como debiera a los violadores. Por otra, diversos comentarios recogidos de la población a lo largo de nuestro trabajo después de leer o escuchar alguna noticia sobre violación y, sobre todo, los resultados y conclusiones de otros trabajos que hemos realizado (Garrido, 1995, 1997; Garrido y Herrero, 1997, 1999-2000, Herrero y Garrido, 1991, 1993, 1996, 1999, 2000, 2002) reflejan que, al menos en ciertas ocasiones, se cuestionan las conductas de las víctimas, no se les concede plena credibilidad, se las responsabiliza por lo que les ha sucedido o se resta gravedad a los hechos. Una aparente paradoja parece intuirse por tanto en la sociedad respecto al delito de violación. Las personas que rodean a las víctimas o que pueden llegar a tener algún contacto con ellas no sólo tienen un papel relevante porque le atribuyan o no responsabilidad, condicionando posiblemente el apoyo social recibido o percibido e incidiendo negativamente con ello en el ajuste posterior de la persona sobre la que recae el delito (Burt, 1998; Herrero y Garrido, 1996, 1999, 2002; Perrot y Webber, 1996; Ullman, 1996; Ward, 1995). Las personas que rodean a la víctima y que en un momento dado interactúan con ella son también importantes porque influyen en la toma de decisiones de ésta, principalmente en la decisión respecto a si se denuncia lo ocurrido a la policía o no (Bachman, 1998; Feldman-Summers y Norris, 1984;, Felson et al., 1999; Felson et al., 2002; Felson y Pare, 2005; Fisher et al., 2003; Goudriaan et al., 2004; Greenberg y Ruback, 1992; Ruback, Greenberg y Westcott, 1984). No es fácil hacer una estimación precisa de la extensión de los delitos sexuales en nuestro país, pues carecemos de encuestas sistemáticas de victimación que proporcionen datos fiables sobre el alcance de los mismos. Las estadísticas de la policía recogen cerca de 4000 denuncias al año. Sin embargo sabemos que una gran proporción de delitos no son denunciados. Se calcula que por cada caso denunciado se producen entre 5 y 10 casos más que no lo son. Los actos comunicados a la policía pueden ser sólo la punta del iceberg (Malamuth, 1988). El hecho de no denunciar el delito tiene consecuencias tan importantes como obvias para las víctimas y para el sistema legal (Feldman-Summers y Norris, 1984; Shapland et al., 1985; Waller, 1990; Greenberg y Ruback, 1992; Bachman, 1993). Como señalan Greenberg y Ruback (1992) para muchas víctimas la decisión de denunciar un incidente a la policía es el resultado de varias decisiones previas. La víctima debe primero etiquetar el hecho como delito, decidir que es lo suficientemente serio como para implica...
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