Revista catalana de derecho público - Nbr. 37, December 2008
César Colino- Eloísa del Pino - Profesor asociado de ciencia política, Departamento de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, UNED-Científica titular, Instituto de Políticas y Bienes Públicos,Consejo Superior de Investigaciones Científicas
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En los últimos años, el reconocimiento de los defectos de la democracia representativa y la intensificación de la puesta en práctica de nuevas experiencias participativas, especialmente en el ámbito local, no han zanjado el debate sobre cómo mejorar las democracias. Incluso los más entusiastas de las virtudes de las nuevas prácticas participativas son capaces también de reconocer sus defectos. Si entre las virtudes pueden reconocerse algunas como su efecto en la mejora de la calidad de los servicios públicos o el enriquecimiento de la democracia local mediante, por ejemplo, la puesta a disposición de los ciudadanos de un amplio catálogo de instrumentos participativos; del lado de los defectos, se critica principalmente el hecho de que la mayoría de los métodos participativos no implican la llamada «auténtica participación». Aun así, el desarrollo creciente de estos instrumentos y su análisis cada vez más detallado, hacen que se pueda ser optimista de cara a la mejora de estas iniciativas. En este artículo se trata de ilustrar este argumento mediante el análisis de las experiencias participativas puestas en marcha por los gobiernos locales de Alemania, Francia, Reino Unido y España en las últimas décadas.
En los últimos años, el reconocimiento de los defectos de la democracia representativa y la intensificación de la puesta en práctica de nuevas experiencias participativas, especialmente en el ámbito local, no han zanjado el debate sobre cómo mejorar las democracias. Incluso los más entusiastas de las virtudes de las nuevas prácticas participativas son capaces también de reconocer sus defectos. Si entre las virtudes pueden reconocerse algunas como su efecto en la mejora de la calidad de los servicios públicos o el enriquecimiento de la democracia local mediante, por ejemplo, la puesta a disposición de los ciudadanos de un amplio catálogo de instrumentos participativos; del lado de los defectos, se critica principalmente el hecho de que la mayoría de los métodos participativos no implican la llamada «auténtica participación». Aun así, el desarrollo creciente de estos instrumentos y su análisis cada vez más detallado, hacen que se pueda ser optimista de cara a la mejora de estas iniciativas. En este artículo se trata de ilustrar este argumento mediante el análisis de las experiencias participativas puestas en marcha por los gobiernos locales de Alemania, Francia, Reino Unido y España en las últimas décadas.Democracia participativa en el nivel local: debates y experiencias en europa
1. Introducción: el continuo debate entre democracia representativa y democracia participativa Como bien ha resaltado Ralf Dahrendorf, la crisis parece el estado natural de la democracia. En lo que respecta a la democracia representativa, se suele citar como expresión de esa crisis la falta de calidad, la pobre relación entre gobernantes y ciudadanos más allá de los procesos electorales, la erosión de la confianza en los representantes y la escasa excelencia de los mismos o su excesiva simplificación de las distintas posiciones, entre otros1. La crisis de la democracia representativa, según Rosanvallon (2007), reflejada a veces en su incapacidad para incluir la voz de los ciudadanos, habría dado lugar, especialmente en los últimos años, a la contrademocracia, con manifestaciones que llegan a ser incluso patológicas como el populismo o la antipolítica. Para muchos, quizá, la promoción de viejas y nuevas formas de democracia participativa podría venir a paliar este déficit que no logra impedir la democracia representativa2. Los últimos años han puesto de manifiesto un renovado interés por la participación ciudadana especialmente en el nivel local de gobierno de algunos países como el Reino Unido, Francia, España, Alemania, Italia y Holanda. El reconocimiento de los defectos de la democracia representativa y la intensificación de la puesta en práctica de nuevas experiencias participativas en el ámbito local, no ha hecho desaparecer el debate clásico sobre la tensión o complementariedad entre ambos tipos de democracia3. En numerosas ocasiones, quienes recomiendan mirar con precaución a las prácticas participativas, no siempre, ni necesariamente, están en contra de la democracia participativa. Aun así insisten en reclamar primero un esfuerzo de mejora de la representación, al creer que ésta es una manera superior de garantizar el viejo ideal democrático en las sociedades complejas. En opinión de los defensores de la democracia representativa, antes de darse por vencidos, deberían agotarse otras posibilidades tratando de corregir los defectos que permiten afirmar que ésta, en este caso en los gobiernos locales, está en crisis. En muchos lugares se han tratado de reforzar los mecanismos electora-les haciendo, como en el caso del Reino Unido, los procedimientos de votación más atractivos (voto de fin de semana, voto postal para todo el mundo, televoto o la posibilidad de votar en las tiendas locales). Sin embargo, no se ha logrado establecer una clara correlación entre ellos y el incremento de la participación electoral. En algunos países se ha intentado fortalecer la democracia representativa por la vía de otorgar más protagonismo al gobierno local. Se han propuesto medidas como rediseñar las corporaciones locales para robustecer la figura del electo, descargándole de la gestión administrativa cotidiana, se ha tratado de redefinir la relación entre la política y la administración, de reforzar el papel de las asambleas locales o de mejorar la selección de los políticos locales, entre otras. Prácticamente en todos los países, existen demandas para conseguir más competencias, financiación y capacidad para los gobiernos locales. Expresiones como «el nuevo localismo», «la segunda descentralización», «la gobernación local», son quizá una muestra de las reivindicaciones en pro del gobierno local más democrático, queriendo con ello decir más participativo y más receptivo a la vez. La aparente dificultad para cerrar el debate entre la democracia representativa y la democracia participativa, se salda frecuentemente, y quizá en un intento de dejar satisfechos a unos y otros, con la idea de que la democracia participativa es sólo posible como complemento de la democracia representativa o, incluso yendo algo más allá, con la idea de que, como declaraba el experto británico en participación ciudadana J. Stewart en una comparecencia ante el Parlamento, «la salud de la democracia representativa y de la democracia participativa están interrelacionadas»4. Así, el ámbito local, con fórmulas revisadas y mecanismos novedosos, ...
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