La prevención del delito y del riesgo (2007)
Julián Delgado - Carrera militar superior, licenciado en Derecho y Psicología, ex comandante de la Policía Nacional y ex superinte
Section: Sumario
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I. El marco social de la seguridad ciudadana. II. Las Políticas de prevención. 1.Redefinición de los poderes públicos. III. Acciones preventivas de bienestar social. 1. La acción social. 2. Esquema general de la red de atención social. 3. Situación de pobreza. 4. Menores. 5. Persona en situación de drogodependencia. Servicio de atención a las víctimas del delito. 6. Servicio de Atención al Turista. IV. La prevención policial. 1. Antecedentes y evolución. 2. El método preventivo y la función policial. 3. Fundamentos. 4. Las nuevas demandas a la policía. 5. La prevención presencial. 6. La prevención material. 7. La prevención situacional. 8. Las acciones de seguridad ajustadas al proyecto del territorio. 9. El papel activo de los ciudadanos. V. LOS PROGRAMAS DE PREVENCIÓN. VI. Re-habilitación y reinserción social. VII. La atención, la asistencia y la ayuda a la víctima. 1. La atención. 2. La asistencia. 3. La ayuda
Veiculação de Fotografia de Menor em Jornal
Proceso
Actos previos al proceso
Actuaciones policiales
Investigación policial
Diligencias de prevención de delitos
La prevención: una tarea multidisciplnar
I. El marco social de la seguridad ciudadana. Es ya universalmente aceptado que la seguridad ciudadana es algo más que un estricto problema policial, el concepto de seguridad es un tema complejo y ha de tener un abordaje y tratamiento multidisciplinar, ya que, de hecho, afecta al conjunto de la sociedad. De esta manera, la seguridad ciudadana está vinculada a la garantía y a la vivencia satisfactoria en el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales contemplados en La Constitución, de los que sería necesario recalcar el derecho a la vida, a la libertad personal, a la libre residencia y circulación, a la propiedad, a la salud y las condiciones de salubridad, a la inviolabilidad del domicilio, entre otros. En este sentido, la seguridad ciudadana ha sobrepasado el anterior concepto de orden público vinculado al estricto marco jurídico penal, introduciéndose en el ámbito de las ciencias sociales y en la política de bienestar y de participación social, concep- tualizados como elementos complementarios y de mejor comprensión de la problemática, y fundamentado el principio de la solidaridad. El concepto de seguridad ha ido evolucionando, desbordando el sentido estricto del concepto, hoy se concibe de manera muy amplia e incluye aspectos como el civismo, la cohesión social la resolución de conflictos, la calidad de vida, los espacios públicos diseñados y concebidos teniendo en cuanta las condiciones de seguridad, pero también que constituyan factores de integración social, al igual que la vivienda y los equipamientos. Hoy el ciudadano quiere tener garantizado, hasta donde es razonable, el que no sea atracado en la calle, pero también quiere que, cuando va a comer, tener la garantía de que los alimentos gozan de las condiciones higiénico sanitarias debidas, que el tráfico urbano no representa un peligro para su integridad física, que el aire que respira no esté contaminado, et. Cada vez más la seguridad está dejando de ser una materia exclusiva de la Policía para ser una parte de un trabajo multidisciplinar abierto a otros actores, públicos y privados, procedentes de diferentes campos del conocimiento. Esto ha hecho que los poderes públicos vayan adaptándose a esta necesidad, no con la rapidez, decisión y coordinación que sería conveniente, para, además de dar respuesta a la criminalidad, darla también a las nuevas demandas de los ciudadanos. Esto no significa la desconfiguración ni la desaparición de los aspectos específicos de la seguridad ciudadana relativos al sistema penal, así como tampoco el propio hecho de la preservación del orden público, si bien es cierto que éste toma otros parámetros de valoración y de tolerancia de la conflictividad social. Es decir, la seguridad ciudadana desde esta perspectiva hay que entenderla como aquel estado de equilibrio social que haga posible el goce y disfrute de las libertades públicas y que, por supuesto, sea capaz de asumir ciertos niveles de conflictividad, a partir del consenso y del desarrollo de políticas específicas de prevención, persuasión, coerción y rehabilitación, en su doble vertiente, la del delincuente y la de la víctima. Por lo tanto el objetivo que habrá que alcanzar será la reducción significativa de la delincuencia y del sentimiento de inseguridad que ésta genera, todo ello en el marco de la corresponsabilidad y de la solidaridad social. Esta concepción de englobar los análisis de la problemática de la inseguridad ciudadana dentro del propio marco social en el que se produce, está en clara oposición a los conceptos que preconizan el estricto aumento de los sistemas de control -«más policías, más prisiones, mas duras las penas y su cumplimiento íntegro»-, ya que acaban derivando con un aumento en espiral de los costes económicos y en la saturación de las prisiones y, en consecuencia, en la crimininalización de la sociedad. Así pues, la seguridad ciudadana hay que entenderla como el logro de un marco social estable, en el que no se excluyen, como posibilidad muy factible y por lo tanto alcanzable, los episodios o las situaciones de crisis puntuales.1 Todos esto se entiend...
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