El equilibrio en la relación médico-paciente (2007)
Carmen Blas Orbán - Doctor en Derecho. Licenciada en Medicina y Cirugía
Section: Sumario
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1.1. Generalidades. 1.2. Obligación del médico. Cumplimiento de la lex artis. 1.2.1. Diligencia debida. 1.2.2. Deber de cuidado. 1.2.3. Deber de información. 1.3. Contenido de la obligación del médico. 1.3.1. Medicina curativa o necesaria. 1.3.2. Medicina voluntaria o satisfactiva. 1.4. Responsabilidad profesional. 1.4.1. Error de diagnóstico.

LEY 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. - Artículo 2
Relaciones laborales
Profesiones liberales
Relaciones laborales
Profesiones liberales
En especial
Médicos
Relación médico-paciente
El paciente tiene derecho a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, entre las opciones clínicas disponibles. Art. 2.3 de la Ley 41/2002
1.1. Generalidades. Quizá podamos afirmar que, durante un largo período de tiempo, ninguna actividad alcanzó el prestigio con el que fue distinguido el profesional de la medicina. Teóricamente y de forma esquemática, podemos decir que el paciente depositaba una absoluta confianza en el médico y, en consecuencia, nada cuestionaba respecto a su proceder, ya que se daba por supuesto que nadie mejor que este profesional sabía lo que convenía al enfermo y, tácitamente, desde el momento en el que le consultaba su enfermedad, le autorizaba a actuar sobre su persona sin particulares limitaciones. Por su parte, el médico respondía a esta confianza proporcionando al paciente la atención que, a su juicio, era la adecuada al caso y, por lo tanto, la mejor asistencia que el enfermo podía recibir. El médico conocía perfectamente su deber de actuar conforme a lo dispuesto en la que se conoce como lex artis, ley que forma parte del bagaje cultural del profesional de la medicina. Se trata de un conjunto de normas éticas por las que se ha regido siempre el ejerciente de esta actividad, que se enraízan en el de-recho natural, y que, en nuestra cultura actual, vienen siendo elaboradas y difundidas, a través de los sucesivos Códigos de Deontología médica, por los Colegios profesionales5. Por lo que se refiere al paciente, parece excesivo afirmar que careciera de cualquier derecho frente al médico en la tarea tendente a recuperar su salud6, pues disponía de la libertad de seguir o no sus indicaciones y la de desistir unilateralmente si se generaba una pérdida de confianza que motivara tal decisión, lo que, a decir verdad, no era frecuente. Pero la estructura de nuestra sociedad fue cambiando y, por motivos varios, se alcanzó un momento en el que la relación médico-paciente perdió su carácter paternalista para dar paso a una relación regulada por el derecho7. No fue un cambio brusco, aislado. A partir de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948, el ciudadano fue tomando conciencia de su merecido respeto a la dignidad personal y a la libertad individual. Refrendada por abundante normativa internacional, la antedicha Declaración de Derechos Humanos fue recibida en nuestra Constitución de 1978, y a partir de los altos principios que en ella se proclaman, se fueron desarrollando las consiguientes leyes. En consecuencia, la forma tradicional de ejercer la medicina perdió su posición, y hubo de cambiar para acomodarse a nuevas necesidades plasmadas en nuestro derecho positivo. Pero el nuevo status de los ejercientes de esta profesión se instauró con notables dificultades, entre las que destacamos la conocida como "judicialización" de la medicina, lo que contribuyó a que en la relación médico-paciente surgieran tensiones que todavía no han sido superadas. De hecho, como nos recuerda Soto Nieto8, "uno de los fenómenos más caracterizados de nuestro tiempo radica en el proceso desmitificador que viene padeciendo la actuación de muchos profesionales. Entre ellos el profesional médico, otrora merecedor de una veneración cuasi-patriarcal y hoy blanco de diversas reclamaciones, cuando no de acciones penales que ponen seriamente en entredicho su imagen, atentando contra su honorabilidad". Por ello, entendemos que el estudio de la relación médicopaciente merece una particular atención, pues es el equilibrio dentro de esta relación el que puede permitir el ejercicio de una medicina satisfactoria y, en última instancia, eficiente, dentro del concepto global de asistencia sanitaria. Pero todo parece indicar que la dañada imagen del médico dentro de nuestra sociedad no se va a recuperar por medio de las instituciones oficiales. Tampoco parece posible que el profesional de la medicina recupere un prestigio basado en privilegios, y, desde luego, no va a recuperar su poder de decisión sobre la voluntad del paciente. La recuperación del prestigio del médico, aspecto esencial para el buen entendimiento de una relación médico-paciente, va a depender de factores que este profesional tiene a su alcance: buena formación académica y humana y, con el mismo nivel de importancia, la asunción, a nivel personal y colectivo, de que el entorno en el que el médico ha de desempeñar su trabajo ...Try vLex for FREE for 3 days
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