Aproximación teórica al fenómeno del desempleo: el caso del desempleo de larga duración.

Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales - Nbr. 35, May 2002

Félix M. Herrador Buendía.
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Nbr. 35, May 2002 | Next

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Summary:

En un contexto económico de globalización -de apertura de mercados y de creciente competitividad- se hace indispensable seguir manteniendo y potenciando las estructuras de bienestar en los países industrializados y desarrollados para poder dar respuesta a las necesidades y bienestar de los individuos y del conjunto del colectivo social.

Es evidente, que el primer planteamiento para salvaguardar las estructuras del bienestar en estos Estados tiene que ver con el hecho de garantizar el empleo y su protección, pero no como hasta ahora -dentro de unos mercados de trabajo rígidos, escasamente flexibles y poco adaptados a las nuevas necesidades productivas-, sino en un entorno de necesaria reforma flexibilizadora de los mismos que combata, sobre todo, el desempleo de tipo estructural, y que tiene que ver directamente con el fenómeno del desempleo de larga duración.

Headnotes:

Desempleo
      Fomento del empleo
           Diversas medidas favorecedoras del empleo
                Parados de larga duración
Desempleo Desempleo
      Asistencial
           Beneficiarios
                Paro de larga duración

Text:

INTRODUCCIÓN

El fenómeno del desempleo de larga

duración (o, lo que también se conoce

como paro de larga duración, aunque

con connotaciones distintas en los términos

de desempleo y paro 'como se verá más

adelante'), se plantea, actualmente, en el

contexto de la industrialización, no solamente,

como uno de los mayores problemas sino

también como uno de los grandes desafíos

que 'en el contexto de la desocupación productiva

y laboral del factor trabajo (recursos

humanos)', deben afrontar los países desarrollados

1 para poder seguir manteniendo

lo que se conoce como Welfare State 2 (Estado

de Bienestar) o «estructuras del bienestar» 3,

a través del mantenimiento e incremento de

los niveles generales de crecimiento económico

en términos de productividad, de generación

de riqueza y de empleo.

Específicamente, el fenómeno del desempleo

de larga duración, en el conjunto global

del desempleo y/o paro, afecta a las categorías

de activos que poseen especiales dificultades

de acceso o reinserción en el mercado de trabajo

debido a sus características particulares

que hacen que estos colectivos se circunscriban

4, generalmente, a los colectivos de muje-

121 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

* Profesor de PolÌtica Social del Departamento de

Ciencia PolÌtica y de la AdministraciÛn II, en la Facultad

de Ciencias PolÌticas y SociologÌa (Universidad Complutense

de Madrid).

1 Cuando se utiliza el tÈrmino de paÌses desarrollados

o industrializados se hace referencia a los Estados occidentales

pertenecientes al ·mbito de la OrganizaciÛn

para la CooperaciÛn y Desarrollo EconÛmico (OCDE).

2 El profesor GARCÕA COTARELO lo define como:

´aquel Estado que detrae una proporciÛn importante

del excedente social para financiar actividades que solucionen

situaciones colectivas (pero no necesariamente

generales) que son objetables desde el punto de vista

de las convicciones compartidas por la mayorÌa cuyo

fundamento ˙ltimo es el sentido de igualdadª (GARCÕA

COTARELO, 1983; 20-21).

3 No se puede olvidar que el calificativo de ´bienestar

ª que se le coloca al concepto de Estado (Estado de

Bienestar) deriva del hecho de un mayor o menor grado

de potenciaciÛn por parte de los poderes p˙blicos de lo

que se conoce como ´estructuras del bienestarª (sobre

todo, la mejora del sistema de relaciones laborales y del

mercado de trabajo ñen sus niveles de empleo y de

protecciÛn socialñ).

Este fortalecimiento de las estructuras del bienestar

(empleo y protecciÛn social, sanidad, acceso a la vivienda...),

va a depender, en ˙ltima instancia, de las polÌticas

econÛmicas gubernamentales de los Estados industrializados

y de sus esfuerzos presupuestarios sociales

reflejados en el gasto p˙blico (% PIB) en funciÛn de sus

niveles de crecimiento y de renta nacional (OCDE,

1993).

4 En el caso espaÒol, las polÌticas activas de empleo

combaten, especÌficamente, el desempleo juvenil en el

conjunto del desempleo de larga duraciÛn, ya que:

Aproximación teórica al fenómeno

del desempleo: el caso del desempleo

de larga duración

FÉLIX M. HERRADOR BUENDÍA *

res (que acceden por primera vez al mercado

laboral o que intentan reincorporarse tras un

periodo fuera del mismo, por diferentes motivos,

entre los que destacan, las circunstancias

familiares), de jóvenes (menores de 25

años, que acceden por primera vez al mundo

laboral, y mayores de 25 años, que se reintegran

al mismo), de adultos mayores de 45

años (que han perdido su empleo y que tienen

que competir fuertemente con el colectivo

de los jóvenes menores y mayores de 25

años), y de minusválidos (físicos y psíquicos)

(OCDE,1991).

La importancia que tiene esta categoría

de desempleo para el conjunto de los Estados

desarrollados, en un marco de creciente industrialización,

es, no solamente, de naturaleza

económica sino también social (que, tradicionalmente,

ha venido siendo el aspecto

que la ciencia económica no ha diferenciado y

analizado suficientemente).

Ello supone por un lado, la infrautilización

y desperdicio de recursos humanos (factor

trabajo) que ello implica para el conjunto

potencial de creación de riqueza de un país; y

por otro lado, el perjuicio social que se deriva,

a largo plazo, sobre la persona ya que el

desempleado o parado de larga duración corre

el riesgo de entrar en una situación de

«exclusión laboral» (situación de desempleo

estructural «crónico», que hace muy difícil la

empleabilidad de la persona, y que puede hacerle

caer fuera de la vida activa (mercado

laboral) como consecuencia del desfase formativo

del mismo y, consecuentemente, de la

falta de motivación y atractivo que para el

empresario pudiera tener la hipotética contratación

del mismo, que entre otras cosas, le

supondría un coste laboral poco rentable a

efectos de la inversión fija que tendría que

realizar en recualificación y readaptación

productiva del individuo.

En el caso de que la situación de desempleo

de larga duración se mantuviera para la

persona (en unas circunstancias en las que

la unidad familiar no pudiera mantener y cubrir,

al menos, la satisfacción de sus necesidades

más primarias o básicas), este podría

caer también fuera del sistema, no solo laboral

sino también social, quedando en una situación

de pobreza, de marginalidad social,

de «exclusión social», que en términos económicos

supondría certificar la pérdida o desaprovechamiento

irrecuperable, por parte

del conjunto de un sistema económico nacional,

de la potencialidad de crecimiento que

pudiera aportar un recurso productivo (factor

trabajo).

Si bien es cierto, que desde hace años esta

posibilidad se combate, eficazmente, en el nivel

de los países industrializados mediante lo

que se denomina la potenciación y puesta en

práctica de políticas activas de mercado de

trabajo o de mano de obra que fomentan,

promocionan, generan y crean posibilidades

de empleo, ante todo, en los colectivos con

mayores dificultades de encontrar un puesto

de trabajo (señalados anteriormente), y que

son los más susceptibles de desembocar en

estas situaciones, sino se toman las medidas

adecuadas.

Los Estados desarrollados (caso español)

y, muy especialmente, respecto a estos grupos,

diseñan y reelaboran todas aquellas acciones

adecuadas que faciliten la incorporación

y reinserción de los mismos en el

mercado de trabajo, consiguiendo así el

aprovechamiento del mayor número posible

de personas, de tal forma que beneficie, en

primer lugar, al propio individuo y, por ende,

al sistema social y económico, en su conjunto.

Consecuentemente, es imprescindible mejorar

la capacidad de inserción profesional y

para ello, los poderes públicos de los países

desarrollados industrializados trabajan en la

captación de la confianza empresarial (en

muy diversos sectores productivos) y en la

ESTUDIOS

122 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

´(Ö), casi un tercio de los parados tienen menos de 25

aÒos y m·s de la mitad llevan al menos 1 aÒo paradosª

(ALBA, ¡LVAREZ y PAG¡N, 1999:21).

búsqueda de nuevos yacimientos de empleo 5

(donde sea factible la creación de nuevos

puestos de trabajo, y donde sea posible la

empleabilidad de los trabajadores), a través

de lo que se conoce como fomento de la contratación

con incentivos económicos.

Porque quien crea riqueza y empleo «ad

hoc», no son los gobiernos de los países desarrollados

sino sus empresarios; y que son

los propios gobiernos quienes establecen las

condiciones adecuadas de confianza y estabilidad

política, económica y social, ofreciendo

los incentivos económicos y laborales necesarios

para que los empresarios inviertan sus

capitales.

Sin embargo: «Para reducir el paro de larga

duración, la mejor política es la preventiva.

Por eso, las actuaciones que se proponen

se centran en los parados que se acercan a

un determinado umbral en su singladura por

el tormentoso camino del paro» (Alba, Álvarez,

Pagán,1999:21).

No obstante, y a diferencia de la OCDE, la

Unión Europea fija la prioridad: «(...), en los

parados jóvenes (de menos de 25 años) que se

acerquen al sexto mes de paro, y en los parados

adultos (de 25 o más años) que se aproximen

a su décimosegundo mes en el paro» 6.

EL DESEMPLEO, DEFINICIÓN Y

TIPOS: EL DESEMPLEO DE

LARGA DURACIÓN

Para aproximarse a la naturaleza del fenómeno

del desempleo de larga duración es

indispensable establecer una serie de aclaraciones

conceptuales que permitan garantizar

una imagen clara y nítida acerca de las causas

y repercusiones que este fenómeno tiene

sobre las personas que se encuentran en dicha

situación, y que, de entrada, se sobreentiende

que son particularmente dependientes

económicamente de terceros (unidad

familiar, parentesco, asistencialidad estatal,

menesterosidad, ...).

Quizás, conceptos como desempleo o paro 7

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

123 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

5 En este sentido, y dentro del colectivo de los desempleados

de larga duraciÛn: ´(Ö) habrÌa que seÒalar

la existencia de colectivos (fundamentalmente jÛvenes,

pero no sÛlo jÛvenes: inmigrantes, ex-drogadictos, mujeres

solas con cargas familiares, ex-presidiarios, etc.)

que tienen notables problemas de inserciÛn laboral y

social y la toma de consciencia por parte de capas crecientes

de la poblaciÛn, de organizaciones sin ·nimo de

lucro y de algunas administraciones en lo inaceptable

que es que nuestra sociedad genere estos n˙cleos de

marginaciÛn y exclusiÛn socialª (CACH'N y FundaciÛn

Tomillo,1999;117).

6 Los autores ALBA, ¡LVAREZ y PAG¡N, en su informe

tÈcnico titulado ´Parados de Larga DuraciÛnª de 1999,

remiten el establecimiento de esta prioridad en polÌtica

de fomento de empleo, a la resoluciÛn del Consejo Europeo

de la UniÛn Europea ´sobre las directrices para el

empleo en 1998ª ñDocumento 13200/97. Bruselas,

1997ñ (ALBA, ¡LVAREZ y PAG¡N, 1999).

7 Se entiende por ´desempleoª, el ocio involuntario

de una persona que desea trabajo a los tipos de salarios

reales y que no puede encontrarlo y tambiÈn se puede

entender por ´desempleoª la prestaciÛn que otorga el

sistema p˙blico de protecciÛn social (en el caso espaÒol,

la Seguridad Social garantiza a todos los ciudadanos,

mediante la ConstituciÛn espaÒola de 1978, satisfacer

sus necesidades b·sicas en el supuesto de pÈrdida

de puesto de trabajo).

Por otro lado, se entiende por ´paroª, la situaciÛn

en la que se encuentran los individuos que desearÌan

encontrar un empleo: la inactividad forzosa de la mano

de obra (MCCONELL y BRUE,1996). Las dos definiciones

coinciden en que la situaciÛn obliga al individuo a la inactividad,

sin embargo el concepto de desempleo recoge,

adem·s, la cara o perspectiva de la compensaciÛn

econÛmica de dicha realidad que es la protecciÛn de la

misma a travÈs del abono estatal de una prestaciÛn econÛmica

en funciÛn de las circunstancias individuales de

los desocupados. No obstante, en este trabajo se opta

por el tÈrmino de desempleo, m·s ajustado a la protecciÛn

econÛmica y social que realmente necesita la persona

en una situaciÛn de grave necesidad, como es la

que supone estar m·s de un aÒo inactiva.

En cuanto al concepto de ´paroª, la teorÌa cl·sica lo

concibe como un desequilibrio entre la oferta y la demanda

de trabajo habida cuenta de los precios del

mercado (salarios). La vuelta al equilibrio exigirÌa la variaciÛn

de los salarios reales, pero las rigideces del mercado

se oponen a ello y el desequilibrio persiste. Sin

embargo, para la teorÌa keynesiana, el paro resulta de

la insuficiencia de las salidas ofrecidas a las empresas y

ña diferencia del paro cl·sicoñ por la existencia de un

y empleo o trabajo 8 sean iguales y no necesiten

aclaración alguna. Pero, no es así. Cuando

se trata del trabajador o factor trabajo

(ocupado o desocupado, este aún con más incidencia)

existe la tentación de aproximarse

al mismo desde una visión sesgada y parcial,

estrictamente economicista, de manera que

se ha tendido, tradicionalmente, a asemejar

uniformemente todos los recursos productivos

(tierra, trabajo y capital) y todos los mercados

denominados tradicionales (de bienes y

servicios, productos y mercancías, y trabajo).

Ha sido en periodos de recesión económica

cuando se ha constatado el hecho de que la

infrautilización del factor trabajo (mano de

obra-trabajador) y su desempleo, como recurso

ocioso en un mercado de trabajo regulado

rígidamente (bajo el funcionamiento estricto

del mecanismo de la oferta y la demanda), ha

hecho necesario que se diferenciaran los recursos

productivos tradicionales (tierra y capital)

y los mercados tradicionales (bienes y

servicios, productos y mercancías) respecto

del recurso productivo (trabajo) y del mercado

tradicional (mercado de trabajo), ya que el

trabajador por su especificidad como ser humano

junto con su ámbito físico de obtención

de un puesto de trabajo (mercado de trabajo

o mercado físico de puestos de trabajo) (Kerr,

1985), poseen una doble perspectiva económica

y social.

Es decir, el trabajador como ser humano

no puede ser agrupado simplemente al mismo

nivel de consideración que el conjunto de

los demás factores productivos tradicionales,

puesto que su idiosincrasia, evidentemente,

no tiene que ver nada con los demás: entre

otras cuestiones, siente y padece las condiciones

inadecuadas de un puesto de trabajo

que no se acomode ni a sus características físicas

ni formativas.

El trabajador tiene la obligación y el derecho

de progresar profesionalmente y, además,

su marco de promoción y mejora (mercado

de trabajo) se comporta de manera

diferente a los de otros mercados tradicionales

porque en función del nivel de oferta y demanda

que exista en una coyuntura determinada

podrá, incluso, pactar el precio del

arrendamiento de su fuerza de trabajo a contraprestación

de un salario (en un contexto

en el que el mecanismo de asignación del trabajo,

que en una economía de libre mercado y

de visión neoclásica de la realidad económica,

' como es la que impera en el global de los

países de la OCDE', es el precio).

ESTUDIOS

124 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

desequilibrio del mercado de bienes: exceso de la

oferta. Solo el aumento de la demanda global nacional

e interior permite resolver el paro keynesiano (MCCONELL

y BRUE, 1996).

8 El tÈrmino ´empleoª hace referencia a una concepciÛn,

que desde el punto de vista de los organismos

internacionales y, concretamente, desde la Ûptica de la

OrganizaciÛn Internacional del Trabajo (OIT), abarca

tres dimensiones: a) supone hablar del ejercicio de una

actividad productiva; b) a travÈs de esta nociÛn se implican

unos ingresos para el hombre que realiza esa actividad;

y c) mediante el empleo, el hombre adquiere

socialmente un determinado status que deriva del ejercicio

de esa tarea en un ·mbito social especÌfico.

La nociÛn de empleo posee cierta carga de ambig

¸edad y relatividad porque parece que invita a una

utilizaciÛn del mismo con car·cter individualista ya que

hablamos de un individuo empleado o desempleado

como aquel que entra o sale de la vida laboral. Sin embargo,

la realidad debe ser contemplada desde la perspectiva

de la unidad econÛmica y no sÛlo desde una visiÛn

individualista. Con lo que la tasa de actividad se

calcula como el resultado del cociente entre poblaciÛn

activa y la poblaciÛn total.

En cuanto al tÈrmino ´trabajoª, este se utiliza como

concepciÛn m·s amplia que lo que significa el tÈrmino

´empleoª o ´puesto de trabajoª. El ´trabajoª incluye la

idea de empleo asalariado, independiente y a domicilio.

TambiÈn incluye la gama de actividad de la economÌa

informal. Se trata, por lo tanto, de una nociÛn de

gran amplitud que corresponde a la imagen que se tiene

de que el ´trabajo decenteª es una aspiraciÛn universal

de toda persona (OIT, 2000).

Con lo que se observa que el ´trabajoª se constituye

en: ´(Ö), existencia humana: es un medio para sustentar

la vida y satisfacer las necesidades b·sicas pero

es tambiÈn la actividad mediante la cual las personas

afirman su propia identidad, tanto ante sÌ mismas como

ante quienes les rodean. El trabajo es crucial para

el ejercicio de opciones personales, para el bienestar

de la familia y para la estabilidad de la sociedadª (OIT,

2000: ).

Paralelamente, se aprecia que los fenómenos

del desempleo/paro 9 y empleo/trabajo se

constituyen como dos caras distintas pero

complementarias de una misma «moneda»

que es el valor del empleo (la posibilidad de

obtener y conservar un puesto de trabajo).

Es decir, el desempleo 10 y, concretamente,

el de larga duración se puede considerar teóricamente

como una consecuencia negativa y

como un fracaso (en mayor o menor medida)

de las políticas económicas y de empleo de los

países industrializados, que tiene su reflejo

en el funcionamiento del mercado de trabajo

'produciendo a su vez un desajuste o disfunción

entre la oferta y demanda de mano de

obra por motivos de desaceleración o estancamiento

de la actividad económica internacional

', en el insuficiente crecimiento económico

nacional, y en una escasa actuación de la

confianza e inversión empresarial del capital,

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

125 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

9 En los paÌses comunitarios, el desempleo se mide

a travÈs de una encuesta relevante con definiciÛn y mÈtodo

cientÌfico consensuado por los expertos, que se

denomina Encuesta de PoblaciÛn Activa (EPA), que cada

paÌs tiene, y que en EspaÒa es realizada por el Instituto

Nacional de EstadÌstica (INE) perteneciente al Ministerio

de EconomÌa. Se considera desempleada o

parada a una persona de 16 aÒos o m·s que durante la

semana de referencia haya estado: sin trabajo (que no

haya tenido un trabajo por cuenta ajena o propia); en

busca de trabajo (que haya tomado medidas concretas

para buscar un trabajo por cuenta ajena o haya hecho

gestiones para establecerse por su cuenta durante el

mes precedente); o disponible para trabajar (en condiciones

de comenzar a hacerlo en un plazo de dos semanas

a partir de la fecha de la entrevista); y se considera

una persona desempleada de larga duraciÛn

cuando lleva un aÒo o m·s tiempo en paro ñlas concepciones

coinciden con las recogidas por los paÌses

desarrolladosñ (VÈanse, los Informes TÈcnicos de OCDE,

1991 y MTAS, 2000).

En EspaÒa existen dos instrumentos estadÌsticos que

cuantifican el paro; por una parte, lo que se conoce como

´paro registradoª ñdependiente de las autoridades

laborales de la AdministraciÛn Central Estatalñ, que

contabiliza el n˙mero de demandantes de empleo que

est·n inscritos y registrados en las oficinas del Instituto

Nacional de Empleo (INEM) y que, por lo tanto, se encuentran

en situaciÛn legal de desempleo; y por otro lado,

la EPA (vista anteriormente) dependiente de las autoridades

econÛmicas, tambiÈn, de la administraciÛn

central estatal.

10 En polÌtica econÛmica existen dos grandes explicaciones

sobre las causas del desempleo que pueden

derivar y acentuar el desempleo de larga duraciÛn. De

un lado, est·n los argumentos de las corrientes de pensamiento

econÛmico ortodoxo (cl·sicos o monetaristas)

que hacen hincapiÈ en el hecho de que las causas del

paro hay que buscarlas en el funcionamiento del mercado

laboral y en el deseo de los trabajadores de recibir

unos salarios excesivamente elevados. Esta actitud de

los trabajadores se ve motivada por la legislaciÛn que

introduce normativas como los salarios mÌnimos y por

las presiones de los sindicatos para conseguir unas retribuciones

m·s elevadas. Desde esta perspectiva cl·sica

o monetarista, se mantiene que si el nivel de desempleo

se sit˙a por encima del nivel de desempleo friccional

es ´desempleo voluntarioª, y se debe a una polÌtica

de salarios inadecuada. Cuando los salarios son altos,

las empresas demandar·n una cantidad menor de mano

de obra que en el caso de que dichos salarios fuesen

m·s bajos. Si el salario es excesivamente elevado (si es

superior al salario de equilibrio, aparecer· un cierto n˙-

mero de trabajadores que no encontrar·n un puesto de

trabajo). TambiÈn mantiene esta corriente de pensamiento

que el desempleo puede deberse al propio

comportamiento de los trabajadores, cuando en determinadas

circunstancias rehusan trabajar, debido a que

el seguro de desempleo es alto y les compensa m·s que

el estar activamente buscando empleo. Concluyen, los

pensadores neocl·sicos, que el funcionamiento del

mercado de trabajo no es diferente al de cualquier otro

mercado tradicional.

De otro lado, y dentro de las corrientes crÌticas de

pensamiento econÛmico, (los keynesianos, en general)

postulan que el fenÛmeno del desempleo est· originado,

b·sicamente, por el escaso nivel de la demanda

agregada de bienes y servicios (de forma sucinta, se

puede decir que es el gasto total de la economÌa en su

conjunto). Es decir, el empleo solo aumentar· si se incrementa

el gasto total de la economÌa y para ello se

deberÌa estimular el consumo de las economÌas domÈsticas,

los gastos de inversiÛn de las empresas, el gasto

p˙blico o las exportaciones. Desde esta postura keynesiana

se defiende la tesis de que el fenÛmeno del desempleo,

por encima del desempleo friccional, es ´desempleo

involuntarioª, y se debe a que el nivel de la

demanda agregada es insuficiente. Se reconoce que

aunque se aumente el gasto p˙blico no necesariamente

se generar· mucha m·s cantidad de empleo ya que dicho

gasto podrÌa canalizarse hacia bienes importados

del extranjero o se podrÌa trasladar a los precios, al tratar

las empresas de aumentar sus beneficios (VÈase, LAYARD,

NICKELL y JACKMAN, 1994).

que afecta directa e irreversiblemente al

bienestar del individuo y del colectivo social.

Con ello, los poderes públicos de los países

desarrollados han de esforzarse por salvaguardar

y mejorar el pilar fundamental de

cualquier estructura del bienestar, que es el

de la protección del empleo (el fomento, la generación,

y la promoción del empleo, y la garantía

de la cobertura económica y social del

mismo), si estos desean seguir manteniendo

un modelo de Estado de Bienestar (Welfare

State) caracterizado por la posibilidad de que

el individuo pueda aspirar a satisfacer sus

necesidades, no solamente primarias sino

también las relacionadas con su promoción y

progreso económico, social y cultural; y ello

solo será posible si se defiende y garantiza el

derecho que tienen las personas a tener un

empleo digno 11.

Sin embargo, el término «empleo» presenta

una pluralidad de aspectos (económicos,

políticos, sociales y culturales) que reclaman

un tratamiento pluridisciplinar puesto que

del mismo se podrán extraer consecuencias

que expliquen, en determinados momentos,

su ausencia y, en muchos casos, prolongada

(el fenómeno del desempleo de larga duración);

y la estrecha interrelación, conexión y

coordinación entre las medidas generales de

política económica y política social (con acciones

propias de la política de fomento y protección

empleo).

Como se ha señalado anteriormente, esto

constituye una exigencia para que se haga

posible la mayor cobertura del derecho legítimo

de todas las personas al empleo y al

mantenimiento estable del mismo. Con ello,

el objetivo de cualquier política pública estatal

económica y social es la consecución a

medio plazo del «pleno empleo» u «ocupación

plena» 12.

Si bien es cierto, resulta difícil registrar

estadísticamente una definición o noción de

«pleno empleo» 13 en razón de la existencia de

ESTUDIOS

126 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

11 En esta lÌnea, ya en 1948, el artÌculo nº 3 de la

DeclaraciÛn Universal de los Derechos Humanos establece

una definiciÛn de principios donde toda persona

tiene derecho al trabajo, a la libre elecciÛn de su trabajo,

a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y

a la protecciÛn contra el desempleo (OIT, 2001). Adem

·s, tambiÈn en el ·mbito de la doctrina social internacional

es indispensable mencionar el artÌculo nº 6 del

´Pacto Internacional de los Derechos econÛmicos, sociales

y culturalesª de 1966 en el que los Estados partes

en el presente pacto reconocen el derecho a trabajar,

que comprende el derecho de toda persona de tener la

oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo libremente

escogido o aceptado y tomar las medidas

adecuadas para garantizar este derecho (OIT, 2001).

12 La existencia de ´pleno empleoª u ´ocupaciÛn

plenaª no significa que no se dÈ, en un tiempo determinado,

niveles de desocupaciÛn en la poblaciÛn activa.

Se habla de ´ocupaciÛn plenaª cuando la oferta global

de empleo iguala o se acerca al volumen de mano de

obra disponible, o se mantengan las expectativas de reempleo

de los parados a corto plazo. En este caso se alcanzarÌan

niveles Ûptimos de empleo, a˙n con la reserva

existente de trabajadores desocupados que roten en

situaciones de ocupaciÛn y paro. Se considera como

´nivel de paro normal o tÈcnicoª el lÌmite del 3% (que

implica la existencia de lo que se conoce como ´tasa de

desempleo del pleno empleoª) y que, tÈcnicamente,

supone una situaciÛn de ´pleno empleoª del conjunto

de la poblaciÛn activa y, aunque esto es relativo, resulta

indicativo y depende de las circunstancias de las economÌas

de los Estados (SAMUELSON y NORDHAUS, 1993).

13 La doctrina social internacional refleja la importancia

del fenÛmeno del ´pleno empleoª u ´ocupaciÛn

plenaª en el artÌculo nº 1.1.2 del Convenio nº122 de la

OIT de 1964, cuando prescribe la formulaciÛn y aplicaciÛn

del mismo como un objetivo de la mayor importancia

para una polÌtica activa destinada a fomentar el

pleno empleo y que la misma deberÌa tender a garantizar

que habr· trabajo para todas las personas disponibles

y que busquen trabajo (OIT, 2001).

Por otro lado, la doctrina social europea comunitaria

tambiÈn se pronuncia acerca de este fin deseable de

los Estados desarrollados a travÈs del artÌculo nº 1 de la

´Carta Social Europeaª de 1961, cuando destaca que el

´pleno empleoª es un derecho capital de los individuos

que se consigue mediante el derecho al trabajo de los

mismos, comprometiendo a las Partes Contratantes, en

orden a asegurar el ejercicio efectivo de este derecho,

al reconocimiento (como uno de sus principales objetivos

y responsabilidades) de la realizaciÛn y mantenimiento

del nivel m·s elevado y m·s estable posible del

empleo, para poder realizar el pleno empleo y a proteger

de manera eficaz el derecho del trabajador de ga-

ciertos colectivos cuya situación bascula entre

la inactividad y la actividad que se configura,

en definitiva, como una inactividad relativa

14.

Como se puede constatar, el fenómeno del

desempleo y/o paro no es unívoco en su concepción

puesto que la «disfuncionalidad»

(desde el punto de vista técnico) que supone

la falta de empleo o de puestos de trabajo

afecta de forma diferente a los individuos y

al conjunto de activos porque para unas categorías

de trabajadores el tiempo de estancia

en una situación de inactividad será más

prolongada que para otros, en función de sus

características.

Para ello, es necesario diferenciar los distintos

tipos de desempleo que se pueden generar,

en el conjunto de las economías desarrolladas,

y que pueden derivar en el

fenómeno del desempleo y/o paro de larga

duración 15.

El caso del desempleo de larga duración se

asocia a lo que se conoce como «desempleo estructural

» 16, de esta manera su origen hay

que buscarlo en las continuas redistribuciones

de recursos resultantes de los cambios

que se producen en la demanda de productos,

mercancías, bienes y servicios que tienen

lugar en todo proceso de crecimiento económico.

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

127 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

narse su vida mediante un trabajo libremente emprendido

(OIT, 2001).

Finalmente, destacar lo que la ConstituciÛn espaÒola

de 1978 dispone acerca del fenÛmeno del ´pleno

empleoª. Para ello es necesario acudir, sobre todo, al

artÌculo 40.1 que expresa que: ´Los poderes p˙blicos

promover·n las condiciones favorables para el progreso

social y econÛmico y para una distribuciÛn de la renta

regional y personal m·s equitativa en el marco de una

polÌtica de estabilidad econÛmica. De manera especial

realizar·n una polÌtica orientada al pleno empleoª.

14 Se hace conveniente establecer una relaciÛn inequÌvoca

entre los conceptos de trabajo y poblaciÛn. Se

puede definir el trabajo como el factor productivo que

se configura como aquella parte de la poblaciÛn que

desarrolla las tareas productivas y la poblaciÛn como el

conjunto de seres humanos que viven en un ·rea determinada.

Dicha poblaciÛn se divide entre activos e inactivos.

Los activos (son los que intervienen en el proceso productivo.

Se diferencian entre ´ocupados en sentido estricto

ª, que tienen un trabajo remunerado aunque se

hallen de baja por enfermedad; ´activos marginalesª,

que realizan un trabajo remunerado pero durante un

tiempo inferior a lo normal, los que tienen un empleo

estacional; y ´paradosª, que son los que re˙nen las

condiciones de edad y capacidad fÌsica y mental para

realizar un trabajo remunerado y no lo encuentran). Los

inactivos (son los que realizan solo las funciones de consumo.

Entre los mismos se encuentran los colectivos de

´jubilados retiradosª, ´escolares y estudiantesª, ´amas

de casaª, ´personas que no trabajan y aunque puedan

hacerlo no buscan empleoª, e ´incapacitados para trabajar

ª) (VÈase, MOCH'N, 1993).

15 Adem·s del desempleo estructural (y del desempleo

de larga duraciÛn), los tipos de desempleo pueden

ser: desempleo friccional (originado porque algunos trabajadores

dejan sus puestos de trabajo antiguos para

buscar uno mejor, porque algunas empresas puedan estar

atravesando una crisis o porque los nuevos miembros

de la fuerza laboral emplean un cierto tiempo buscando

empleo. Se puede decir, que la existencia de un

cierto nivel de ´desempleo friccionalª es normal pues la

movilidad de la mano de obra de unos puestos de trabajo

a otros requiere un cierto tiempo; y lo mismo ocurre

con las personas que se incorporan por primera vez

al mercado de trabajo. Lo lÛgico es que la mayor parte

de estos desempleados no tarden mucho tiempo en

volver a ser empleados. Es decir, este tipo de desempleo

resulta de una movilidad insuficiente de los trabajadores.

Entre dos empleos, una persona puede encontrarse

algunas semanas sin empleo, sin que esta

situaciÛn suponga necesariamente que no haya trabajo

en el mercado; desempleo tÈcnico (es de naturaleza

temporal y se debe a una interrupciÛn tÈcnica de la

producciÛn, como sucede a causa de la insuficiencia de

cuadros, averÌas y huelgas); desempleo estacional (es el

que surge sistem·ticamente en determinadas Èpocas

del aÒo y es causado por los cambios en la demanda de

trabajo en momentos diferentes del aÒo: ejemplo sector

servicios y turismo); y, por ˙ltimo, el desempleo cÌclico

(es el que est· ligado a las alteraciones del ritmo

de la actividad econÛmica durante las fluctuaciones de

la economÌa. En fases de recesiÛn econÛmica, la tasa de

desempleo aumenta y en fases de recuperaciÛn y expansiÛn,

disminuye) (STIGLITZ, 1992).

16 Y es asÌ, puesto que los desempleados o parados

en una situaciÛn estructural son aquellos trabajadores

que, por razones de cualificaciÛn, no se corresponden

con las necesidades reveladas por la demanda.

Realmente, el fenómeno del «desempleo

estructural» se debe a desajustes producidos

entre la cualificación o la localización de la

fuerza de trabajo y la cualificación o localización

requerida por el empleador.

Además, los factores de renovación tecnológica

y automatización hacen que, dadas las

nuevas condiciones de producción, la capacitación

y la experiencia de ciertos trabajadores,

no sean estas ya las deseadas (es en estas

circunstancias 'en este «caldo de cultivo»'

donde encuentra su máximo exponente y

plasmación el fenómeno del desempleo de larga

duración, sobre todo, en aquellos colectivos

que después de un año de paro no poseen

el grado de cualificación o recualificación necesario

para reinsertarse en la vida activa y

que pueden caer en una situación, cuando

menos, de exclusión laboral).

Consecuentemente, la estrecha relación

entre el desempleo estructural y el desempleo

de larga duración reside en el hecho de

que, a diferencia del «desempleo friccional»,

no se considera que un trabajador se encuentre

en situación transitoria entre dos empleos

porque éste solo va a disponer de dos opciones

de elección: o se enfrenta a un periodo de

desempleo de un año o más duración, ó cambia,

drásticamente, de ocupación. Con lo que,

el fenómeno del desempleo de larga duración

se convierte así en el tipo de paro que identifica,

caracteriza y sobrestima, el «desempleo

estructural».

Además, el «desempleo estructural» (desempleo

de larga duración) y el «desempleo

friccional» configuran lo que, genéricamente,

se conoce como «desempleo o paro involuntario

» 17. Lo que es evidente es que el desempleo

de larga duración se constituye en una

situación que penaliza los efectos perniciosos

que conlleva el paro en los individuos y sus

circunstancias y entornos, y varía entre los

distintos Estados industrializados, en cuanto

al nivel, volatilidad y composición del mismo:

Dentro de la composición del desempleo se

esconde un mal aún más preocupante que

puede llegar a convertirse en crónico y de

difícil solución en muchos países desarrollados:

es el desempleo de larga duración

«el que se prolonga más de 12 meses» (Alba,

Álvarez y Pagán, 1999; 27).

De esta manera, se observa que la definición

sobre el fenómeno del desempleo de larga

duración, en el conjunto de los países occidentales

industrializados y desarrollados, se

encuentra sistematizada y consensuada, y

es: «La situación de las personas que no tienen

trabajo y llevan un año o más buscando

empleo» (OCDE, 1988; 169).

Por otro lado, el problema del desempleo

es un fenómeno que viene persistiendo en el

conjunto de estos países y, especialmente, en

los de la Unión Europea (UE) desde la década

de los años 80 y 90 del siglo pasado, y en

capas sociales muy definidas:

(...), parece que el desempleo está bastante

concentrado en una minoría de la población

activa, incluidos los países en los

que los periodos prolongados de desempleo

tienen una escasa incidencia (...), el

desempleo de larga duración continua

siendo un grave problema en muchos países

miembros, especialmente en Europa.

Aunque ha afectado a todos los grupos demográficos,

la probabilidad de que una

persona en paro entre en las filas de los

parados de larga duración es mayor en el

caso de los varones de edad avanzada y los

adultos (OCDE, 1988; 197).

En este sentido, se asegura que dado que

la probabilidad media de encontrar trabajo

diminuye con la duración del periodo de desempleo,

es básico saber si esa relación se debe

a las características personales de los tra-

ESTUDIOS

128 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

17 En cuanto representan un conjunto de trabajadores

que desean emplearse al salario real vigente y que,

no obstante, no encuentran un empleo o puesto de trabajo.

bajadores o a la experiencia misma del desempleo.

Si se demuestra que son importantes

las características personales, parece que

sería viable identificar a los individuos más

amenazados en una fase temprana de su periodo

de paro.

Lo que ocurre, es que es difícil detectar a

los grupos con mayor riesgo de paro, sobre

todo, cuando la tasa global de paro es elevada,

con lo que en esta situación es factible

que la duración del desempleo sea una variable

clave de las diferencias existentes entre

las personas (OCDE, 1988).

Con lo que, el conjunto de los desempleados

de un año o más, tienen muchas menos

posibilidades que otros «parados no estructurales

» de conseguir un puesto de trabajo.

Aún así, resulta indispensable para diagnosticar

y actuar en consecuencia, conocer:

la cantidad de tiempo que estas personas pasan

en inactividad; el grado de concentración

o de dispersión del paro; y el tipo de puesto

de trabajo que pueda encontrar (-aunque en

la mayor parte de los casos suele ser de naturaleza

temporal precaria o a tiempo parcial

'), pudiéndose producir en un momento

concreto que este tipo de empleo se convierta

en una vía para acceder a un trabajo más

permanente, por parte de los colectivos que

se encuentren en mejor situación dentro de

la precariedad que caracteriza a los desempleados

de larga duración.

Paralelamente, el volumen de los flujos de

entrada y salida de la población activa, en el

caso de los parados de un año o más tiempo

en paro, agrava el problema de las acciones

que debieran implementarse.

También, se comprueba que este fenómeno

del desempleo de larga duración está muy

concentrado en una minoría de activos desocupados

que sufren periodos repetidos de

inactividad y varía en la manera en que se

manifiesta de un país a otro con lo que con

pautas tan diferentes en la manifestación de

este fenómeno, exigen la adopción de medidas

heterogéneas (OCDE, 1988).

Concretando, es en este contexto del desempleo

estructural de larga duración donde

el binomio conceptual «exclusión laboral-exclusión

social» se convierte en un serio problema

para el conjunto de los países desarrollados

ya que estos necesitan de todos los

recursos productivos para generar más riqueza

y, por ende, fortalecer así las estructuras

del bienestar por la vía del «pleno empleo

».

CAUSAS Y EFECTOS DEL

DESEMPLEO DE LARGA

DURACIÓN

En cuanto a la relación con las causas y

efectos, no resulta fácil elaborar un orden

sistematizado de cuáles pueden ser, a la hora

de generar a medio y largo plazo en los Estados

industrializados occidentales 18, lo que se

conoce como desempleo y/o paro de larga duración.

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

129 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

18 En una primera aproximaciÛn general a las causas

del fenÛmeno del desempleo de larga duraciÛn, se

observa que las mismas tienen que ver en un primer

momento con cuestiones, por ejemplo, como: las leyes

de protecciÛn del empleo; el sistema de prestaciones

econÛmicas por desempleo prolongado estructural; y la

pÈrdida de motivaciÛn y estigmatizaciÛn de los desempleados

de larga duraciÛn. Es decir: ´Las soluciones que

den al problema del paro de larga duraciÛn han de reflejar

la naturaleza de este problema y sus causas (Ö),

las diferencias entre los paÌses (Ö), tal vez se deban en

parte a algunos factores que afectan tanto a las ofertas

de trabajo a que tienen acceso los parados de larga duraciÛn

como a su disposiciÛn y capacidad para aceptar

estos puestos. Las ofertas de trabajo a que pueden acceder

(Ö), pueden verse reducidas por la legislaciÛn referente

a la seguridad de empleo y por una baja demanda

agregada. Por otra parte, los parados de larga

duraciÛn pueden no encontrarse en condiciones para

competir eficazmente por los puestos de trabajo, debido

en parte a su bajo nivel de cualificaciÛn y a sus pocos

incentivos para buscar trabajo a causa de ciertos aspectos

del sistema de prestaciones por desempleo que

genera dependenciaª (OCDE, 1993; 280).

Sin embargo, se aprecia que existen de entrada

cuatro causas o factores básicos, nítidamente

diferenciados que influyen sobremanera

en la aparición de dicho fenómeno, y

que son: la tradicional existencia, en mayor o

menor medida 19, del predominio de los mercados

de trabajo rígidos o poco flexibles; la

aparición e implantación de las nuevas tecnologías

y sus influencias sobre los sistemas

productivos; el factor demográfico; y, por último,

el factor migratorio 20.

La primera causa o factor, de la existencia

de mercados de trabajo nacionales rígidos o

poco flexibles en los niveles macro y microeconómico,

ha generado el diseño de unos

mercados de mano de obra crecientemente

regulados.

De esta forma, en el plano macroeconómico,

se ha venido produciendo rigidez e inflexibilidad

en los aspectos normativos contractuales

relacionados con los requisitos de las

entradas y salidas de los trabajadores del

mercado laboral y, dentro de este, con los movimientos

físicos y/o de circulación de los mismos

de un puesto de trabajo a otro (dentro de

los segmentos internos y externos, y entre los

mismos); y en el plano microeconómico 'de

empresa', no se ha favorecido la empleabilidad

de los desempleados (sobre todo, de los

que mayores dificultades pueden tener «desempleados

estructurales de larga duración»,

a la hora de una posible inserción o reinserción

en el mercado de trabajo), debido 'en un

contexto de rigidez normativa laboral', al

elevado coste empresarial del despido y de la

contratación del factor trabajo y, consecuentemente,

a la inexistencia de incentivo económico

alguno hacia nuevas contrataciones, por

parte de los poderes públicos de los países

desarrollados (aunque los grados de mayor o

menor existencia de rigidez y de incentivaciones

a la contratación en los mercados laborales,

varían de un país a otro) (OCDE,1991).

Es decir, la existencia de mercados de trabajo

rígidos o poco flexibles (que han venido

ESTUDIOS

130 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

19 La necesidad de flexibilizar y/o adaptabilizar los

mercados de trabajo se encamina a romper con la rigidez

en la estructuraciÛn y funcionamiento de los mismos,

en el sentido de que el concepto de flexibilidadadaptabilidad

reclama (en el nivel macroeconÛmico),

una capacidad de adaptaciÛn de las economÌas desarrolladas

y de sus mercados de trabajo, en general, y

de los sistemas productivos de las empresas, en particular

(en el nivel microeconÛmico), a las nuevas exigencias

productivas marcadas con la incorporaciÛn de las

nuevas tecnologÌas. Ello, lÛgicamente, alterar· la producciÛn

(en relaciÛn a quÈ producir, cÛmo y cu·nto:

asÌ, se aumentar· y se diversificar· el consumo, se incrementar

· la producciÛn y el empleo ñoblig·ndose a

la ampliaciÛn y modificaciÛn del campo de la contrataciÛn

hacia nuevos contratos indefinidos incentivados y

temporales de fomento del empleo-), siempre y cuando

se dÈ un contexto de estabilidad y crecimiento. Estudios

efectuados sobre la flexibilidad del mercado de

trabajo venÌan privilegiando las modalidades externas

de flexibilidad relacionadas con la evoluciÛn del propio

mercado y las relaciones entre las unidades de producciÛn

y el mercado de trabajo (OCDE, 1990).

Sin embargo, actualmente, se incide, especialmente,

en lo que se conoce como formas internas de flexibilidad:

´(Ö), aquellas a travÈs de las cuales las empresas,

enfrentadas a los cambios econÛmicos, tecnolÛgicos y

sociolÛgicos de los aÒos ochenta, se esfuerzan por flexibilizar

la utilizaciÛn de la fuerza de trabajoª (OCDE,

1991; 261).

Actualmente: ´La flexibilidad se transforma (Ö), en

un concepto cosificado que se mueve entre los salarios,

los sistemas de producciÛn, la competencia del mercado

y una ìtransformaciÛn general de todas las formas

de organizaciÛn ñy no sÛlo las relaciones salariales/laboralesî

ª (BOYER, 1988; 265).

En definitiva, la b˙squeda de la flexibilidad responde

entre otras preocupaciones a la consecuciÛn de una

mayor competitividad de las unidades econÛmicas de

producciÛn en el mercado, a una reducciÛn de los costes

laborales (salariales), y a un aumento del beneficio

con la incorporaciÛn de las nuevas tecnologÌas. De manera

que: ´(Ö), los gerentes de empresa ven en la flexibilidad

una respuesta indispensable a la incertidumbre,

al encarecimiento del capital, al acortamiento del ciclo

de negocios y a la internacionalizaciÛn de los mercados

ª (OCDE, 1991; 265).

20 A˙n siendo importantes, los factores demogr·fico

y migratorio en el devenir del fenÛmeno del desempleo

(desempleo de larga duraciÛn), este trabajo se va a centrar,

especÌficamente, en las dos primeras causas y factores

que de forma m·s directa influyen en este fenÛmeno.

caracterizando, más o menos, a los países industrializados

desde los años sesenta del siglo

pasado), conlleva una necesaria modificación

de las reglas y regulaciones a través de

mecanismos de fijación de salarios; legislación

sobre el empleo y despidos; y ordenación

del tiempo de trabajo.

Por otro lado, es en el ámbito de los Estados

industrializados donde, particularmente,

resulta importante la influencia que va a tener

sobre el fenómeno del desempleo de larga

duración todo lo que se relaciona con la evolución

de los mecanismos de fijación de los

salarios (ya que, este campo se encuentra relacionado

directamente con la política de salarios

y rentas, e indirectamente con la política

de ajuste de la mano de obra; y ello es

clave para la recuperación y la promoción del

parado de larga duración).

En cuanto a las modificaciones que se producen

en este campo, estas se encaminan en

la dirección de mejorar la evolución de los salarios

relativos de manera que se pueda crear

un mecanismo de fijación de los salarios.

Igualmente, se necesitaba modificar la centralización

de las negociaciones salariales hacia

una descentralización junto con la relación

entre salarios y aumentos de productividad.

Respecto a la legislación en materia de

empleo y despido, la legislación relativa a

empleo ha influido notablemente de forma

negativa limitando, directa o indirectamente,

la libertad de los empresarios para contratar

mano de obra, y no ha incentivando la recuperación

de los recursos ociosos más desprotegidos,

con lo que se ha perjudicado claramente

a los desempleados de larga duración.

De manera que 21 sus efectos sólo han sido

indirectos:

(...), la legislación sobre la jornada laboral,

que estipula que las horas trabajadas por

encima de determinados límites deben ser

remuneradas a tasas superiores a lo normal,

limitándose el número anual de horas

extraordinarias (...), también la legislación

sobre las vacaciones remuneradas,

el permiso remunerado para formación y

la edad a la que se permite el acceso al

trabajo remunerado (OCDE, 1988; 42-43).

Es decir, también, la legislación en materia

de despidos colectivos ha limitado la libertad

de los empresarios en el contexto de

los países desarrollados para poder despedir

a los trabajadores a su antojo. Sin embargo,

"España y Portugal se cuentan entre los países

que más han hecho para aumentar las

posibilidades de contratación por un plazo

determinado ya que (...), esto constituye un

medio rentable de reaccionar ante las fluctuaciones

de la demanda de productos» (OCDE,

1988; 47).

Finalmente, en el aspecto de la ordenación

de trabajo se ha necesitado, igualmente,

un cambio o modificación que, en última instancia,

permitiera recuperar la mano de obra

potencialmente desaprovechada.

En las ordenaciones de trabajo se muestran

ciertas contradicciones puesto que los Estados

necesitan la desregulación para que el trabajo

pueda realizarse según imperativos del mercado

(ello aumentará la flexibilidad potencial

de mano de obra y reforzará los medios discrecionales

de que disponen los empresarios para

adaptar su plantilla a la evolución de las condiciones

del mercado, a la vez que esta tendencia

puede mejorar con frecuencia la igualdad

de acceso al empleo o producir cambios estructurales

que dejen su validez a las restricciones

anteriormente vigentes).

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

131 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

21 ´Hay ejemplos de efectos directos en la legislaciÛn

todavÌa vigente en ciertos paÌses que excluyen de

ciertos empleos categorÌas de trabajadores como los jÛvenes

o las mujeres. Otro tipo de legislaciÛn general

prohibe cualquier pr·ctica discriminatoria en contrataciÛn

o en el empleo por motivo de raza, sexo, color o

religiÛn (algunos paÌses prohiben asimismo la discriminaciÛn

basada en las convicciones polÌticas o en el origen

social)ª (OCDE, 1988; 43).

De igual manera, los trabajadores y sus

representantes aspiran siempre a una reducción

del tiempo de trabajo individual, sin que

la remuneración disminuya proporcionalmente):

se piensa que así podrán ofrecer salidas

a los desempleados, sobre todo de larga

duración.

Se puede concluir, con que la ordenación

del trabajo ha venido adoptándose en el marco

de las legislaciones nacionales aunque las

principales iniciativas se han adoptado en el

marco de las negociaciones colectivas (OCDE,

1988).

En cuanto a la segunda causa o factor de

desempleo (desempleo de larga duración),

que viene dada con la irrupción e implantación

de las nuevas tecnologías (tecnologías

de la información) en el mercado de trabajo,

es lógico que desplacen a ciertas categorías

de trabajadores de sus puestos hacia una situación

de desempleo o inactividad, ahorrando

al empresario coste laboral (sobre todo,

vía salarial) y aumentando su beneficio mediante

unos sistemas productivos computerizados

que van a producir con más velocidad y

calidad mayores cantidades de productos y

mercancías.

Consecuentemente, las nuevas tecnologías

exigirán de aquellos trabajadores que llevan

un año o más de inactividad, o de aquellas

otras personas que no han accedido todavía

por primera vez al mercado de trabajo, unos

crecientes niveles de cualificación profesional

y una adaptación y puesta al día para su

incorporación o reinserción al mundo laboral,

que no poseen.

Por ejemplo, en este proceso actual de

cambio tecnológico (cambio técnico iniciado

en los años sesenta), se observa como el mismo

ha influido e influye de manera especialmente

negativa en los trabajadores con un

tramo de edad de más de 45 años que son

despedidos, ya que tienen muy difícil volver

a ser contratados porque han de competir

con activos jóvenes crecientemente cualificados

y apetecibles para los empresarios que,

desde el punto de vista de la formación de

primera mano, les pueden ofrecer una formación

adecuada a los códigos de funcionamiento

de sus empresas.

Con lo que estos trabajadores se convierten

en un colectivo susceptible, sino se toman

las medidas necesarias por parte de los

poderes públicos, de caer en situación de desempleo

de larga duración.

A pesar de todo:

(...), el análisis de los principales mecanismos

de transmisión induce a pensar que

la oleada actual de tecnologías, como muchas

de las que han precedido, elevará el

potencial productivo de las economías y

sentará así las bases para un crecimiento

duradero de la producción, el empleo y las

ganancias reales (OCDE, 1988; 439).

De todas formas, el grado en que este potencial

se plasma en un crecimiento real de

la producción en su conjunto, del empleo y

del beneficio no está en función sólo del cambio

tecnológico, ya que este pone en marcha

un conjunto de reacciones contradictorias:

(...), por lo que el resultado neto, especialmente

para el empleo, depende fundamentalmente

de una serie de parámetros

y de su poder relativo (...), parece que no

existe una relación única y predeterminada

entre cambio tecnológico y el comportamiento

del empleo (OCDE, 1988; 442).

Aunque es cierto, que el cambio técnico o

tecnológico 22 influye, apreciablemente, en la

ESTUDIOS

132 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

22 La heterogeneidad del cambio tÈcnico o tecnolÛgico

deriva del car·cter de la nueva tecnologÌa (microelectrÛnica)

a medida que se desarrolla y difunde, se

modifica continuamente y se adapta a un n˙mero creciente

de aplicaciones en productos y procesos afectando

a diversidad de campos profesionales respecto al fenÛmeno

del cambio tÈcnico o tecnolÛgico (postura

determinista). No obstante, la adquisiciÛn de conocimientos

tecnolÛgicos como base es incoherente porque

asignación del empleo entre los individuos,

las ocupaciones y los sectores productivos.

Concretamente, las tecnologías de la información

tienen algunas consecuencias determinantes

para la distribución sectorial

del empleo ya que algunos de los sectores de

alta tecnología son los que están obteniendo

mejores resultados en cuanto a la empleabilidad

de trabajadores en paro (aunque no en

relación a los desempleados de larga duración)

(OCDE, 1988).

Es obvio, que la introducción de las nuevas

tecnologías en los procesos productivos

generan un proceso de reasignación de los

puestos de trabajo en cada sector de la economía

(en función, de que se trate de intensidad

tecnológica media o alta), y una alteración

de las necesidades formativas de los

empleados de las unidades de producción

(OCDE, 1990).

Concretando: ante un cambio técnico o

tecnológico, quienes sufren sus consecuencias

perniciosas (tanto para entrar como para

salir del mercado de trabajo), son las personas

que se sitúan fuera del mercado

laboral en una situación de prolongada inactividad

(12 meses o más) que necesitan un

puesto de trabajo pero que no lo encuentran

sino se regeneran formativamente pero en

unas circunstancias de precariedad económica

o física y psicológica, y aquellos activos

empleados mayores de 45 años que son despedidos

por razones tecnológicas (paro tecnológico),

y que para regresar a un puesto de

trabajo tienen que competir duramente (como

se apuntó anteriormente).

Con la aparición e implantación de las

nuevas tecnologías en los sistemas productivos,

y su influencia determinante en el mantenimiento

o generación del fenómeno del

desempleo de larga duración, lo que, realmente,

se está estableciendo es una relación

directa y clara entre empleo y tecnología.

Dicha relación es uno de los aspectos básicos

dentro del debate actual que se produce

acerca de los niveles de desempleo (que afecta,

sobremanera, a los colectivos ubicados en

lo que se conoce como el «desempleo estructural

»), y de las capacidades de los países industrializados

para generar empleo.

Con lo que, la variable tecnológica es la

clave para el proceso continuado de crecimiento

y de creación de empleo; es decir, se

convierte así, en la «piedra angular» que permite

que aumenten la productividad, las rentas

reales y las posibilidades de empleabilidad

de los desempleados de larga duración.

Pero, a pesar de ello, hoy en día, en que se

considera que el cambio tecnológico es particularmente

rápido y global, y que el crecimiento

es lento, se apunta con frecuencia hacia

la tecnología como la causa de la

generación de altas tasas de desempleo ya

que, en cierto sentido, ha existido y existe un

temor evidente a que las nuevas tecnologías

puedan provocar pérdidas potenciales de

puestos de trabajo en todos los sectores productivos

de las economías de los países desarrollados

23.

Aunque, se ha demostrado, en acontecimientos

posteriores, que la aparición de un

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

133 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

la nueva tecnologÌa influye en determinados campos

profesionales (postura no determinista). Para los dem·s,

la tecnologÌa se incorpora en complejos sistemas pluritecnolÛgicos

donde el problema reside en dominarlos.

A pesar de ello, se contempla que el factor tÈcnico o

tecnolÛgico (nuevas tecnologÌas) supone un cambio de

car·cter tÈcnico unido a la idea de innovaciÛn de productos

y de procesos, e implica la ampliaciÛn y extensiÛn

de los mercados (la sociedad de la informaciÛn; es

decir, la nueva economÌa, transportes e infraestructuras),

que, por ende, conlleva (competitividad, empleo y

demanda-consumo) (OCDE,1996).

23 Seg˙n SCHUMPETER, el ´cambio tÈcnicoª es un

proceso de ´destrucciÛn creativaª que consiste en un

proceso de destrucciÛn neta de puestos de trabajo en

algunas antiguas ocupaciones, empresas y sectores; y

en un proceso paralelo de ´creaciÛn netaª de puestos

de trabajo en los nuevos sectores y ocupaciones (STIGLITZ,

1992).

elevado nivel de «paro tecnológico» no ha sido

tal y; además, ha sido cierto que la aplicación

de una nueva tecnología siempre ha ido

acompañada de un apreciable nivel de paro,

a pesar de que los puestos de trabajo adicionales

creados, directa o indirectamente, han

resultado ser insuficientes, no sólo para sustituir

a los que se han perdido sino, igualmente,

para elevar la empleabilidad de forma

sustancial.

De hecho, la preocupación internacional

actual por la influencia de las nuevas tecnologías

reside en salvaguardar las posibilidades

potenciales del empleo (y su afectación

en los colectivos activos más desprotegidos),

puede atribuirse al carácter de las mismas.

La incertidumbre o el malestar, sobre todo,

entre los activos respecto al factor tecnológico

radica en la «creencia científico-técnica

divulgativa» de que dado que las tecnologías

pueden ahorrar trabajo y coste empresarial,

y tienen numerosas aplicaciones, su rápida

utilización podría generar 'a diferencia de lo

ocurrido hasta ahora', nada más que unos

cuantos nuevos empleos y provocar, sin embargo,

elevados niveles de «desempleo estructural

» (dentro del cual se perjudicaría

notoriamente, entre otros, a los desempleados

de un año o más tiempo).

Lo evidente, es que tanto la naturaleza de

la competencia internacional como su ritmo

se invocan como argumentos en el debate sobre

el nivel y estructura del paro en su relación

con la variable tecnológica.

La actual situación de «globalización industrial

» pone de relieve, cada vez de forma

más nítida, la dimensión tecnológica del comercio

internacional y la necesidad que tienen

las empresas de adoptar los mejores métodos

internacionales. Con lo que dada la

importancia de la formación y de la cualificación

en general, las diferencias internacionales

existentes en la pauta de empleo y desempleo

van a depender en gran medida de la

capacidad de las economías nacionales para

innovar y asimilar la nueva tecnología por

medio de cambios estructurales.

Por otro parte, la literatura teórica sobre

tecnología y empleo sugiere que el acontecimiento

del cambio técnico o tecnológico (al

reducir cantidad necesaria de recursos por

unidad de producción o al crear nuevos productos)

permite producir más con una cantidad

menor de recursos o elevar la demanda,

lo que aumentaría a la vez, las ganancias y el

empleo, de una forma duradera.

De esta manera se desemboca en el planteamiento

apuntado: cabe preguntarse si,

hoy en día, el potencial de creación de empleo

que tienen las nuevas tecnologías se traducirá

realmente en puestos de trabajo que

ayude a los desempleados de larga duración

a volver al mercado laboral; en qué medida

este proceso se autorregula; y si va a aumentar

la demanda en la misma medida que la

capacidad productiva.

La contestación no es sencilla ya que habría

que observar el efecto de las nuevas tecnologías

en un periodo de transición, a corto

y medio plazo, y a largo plazo, cuando se haya

producido el ajuste a un determinado

cambio tecnológico 24.

ESTUDIOS

134 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

24 Por ejemplo, las nuevas tecnologÌas del transporte

y de las comunicaciones han redefinido constantemente

las fronteras efectivas de los mercados de trabajo

locales, nacionales e internacionales. La tecnologÌa de

la informaciÛn y de la comunicaciÛn hacen del teletrabajo

una alternativa cada vez m·s viable a las modalidades

m·s tradicionales del trabajo, alterando la pauta

de oferta local y global del trabajo ya que es factible

que entren en el mercado de trabajo nuevas categorÌas

de trabajadores; pero a˙n asÌ, con ello no se har· m·s

que seguir perjudicando al ´desempleo estructuralª

(desempleados de larga duraciÛn), que por sus especiales

circunstancias carecen de medios econÛmicos para

adecuarse a todo este contexto, ya que en este marco

de producciÛn, las nuevas tecnologÌas exigir·n la cualificaciÛn

a todos los recursos por igual, sin entrar a analizar

las circunstancias de los mismos.

SignifÌquense colectivos como: los jÛvenes que todavÌa

no han accedido por primera vez al trabajo, las

mujeres que quieren acceder al empleo que nunca han

Las relaciones tecnología-empleo y las influencias

tecnológicas vía desempleo de larga

duración son complejas y heterogéneas, y

uno de los efectos más espectaculares de la

tecnología en el empleo de los países industrializados

puede ser indirecto y tener su

causa en las consecuencias del proceso de

globalización y de apertura de mercados, que

a la vez, puede significar para las empresas

un crecimiento altísimo de la oferta de trabajo

y de la mano de obra barata, pero no necesariamente

carente de cualificación alguna

(OCDE, 1996).

De esta manera se puede deducir que las

causas o factores que sobreestiman el fenómeno

del desempleo de larga duración, son:

En primer lugar, la composición de la

fuerza laboral (a raíz del cambio drástico del

perfil del desempleo desde 1960 en adelante),

con una proporción de jóvenes y mujeres,

muy superior a la de hace 20 años, que conforman

lo que se denomina «desempleo estructural

» (también, de larga duración) ya

que presentan mayores dificultades de acceso

a la actividad y siempre representan una

mayor tasa de paro (se les unen parados mayores

de 45 años y parados de larga duración

sin cualificación).

En segundo lugar, el hecho de que para figurar

como desempleado basta manifestar,

solamente, que una persona se encuentra

buscando activamente empleo (aunque, realmente,

no lo esté buscando).

En tercer lugar, el hecho de que el interés

por buscar empleo puede haberse reducido

por la generalización del seguro de desempleo

en los últimos veinte años.

Y, por último, el dato de que en la mayoría

de las economías buena parte del producto

nacional 'Producto Interior Bruto (PIB)'

y de la actividad económica real general en

los países desarrollados escapa a las cifras

oficiales porque la aparición de una economía

oculta o sumergida supone la existencia

de unos empleos cuya importancia es difícil

de cuantificar, pero que debe ser, aproximadamente

el 20% PIB en el conjunto de los

países industrializados occidentales (OCDE,

1997).

En cuanto a la primera causa de desempleo

de larga duración, y que tiene que ver

con los efectos negativos para el empleo que

han tenido y tienen los mercados de trabajo

rígidos o poco flexibles 'en el contexto de

países industrializados, desde la década de

los años noventa del siglo pasado', los Estados

han venido combatiendo el mismo con

diversas acciones de fomento de empleo que

tienen como misión general la de intentar

frenar o atenuar los efectos perniciosos económicos

y sociales que conlleva, sobre todo,

este fenómeno del paro de naturaleza estructural.

La consecuencia negativa que tiene dicha

situación para la economía de estos países es

que se pierden para siempre estos recursos

ociosos y, ello supone, el desaprovechamiento

del potencial productivo. Aquí se observa el

primer coste económico para la sociedad: recursos

(incomes) no utilizados y bienes y productos

(outcomes) no producidos u obtenidos

por tener mano de obra sin ocupar y en situación

de inactividad prolongada.

Además, desde la perspectiva social, es

evidente que el mayor coste, el más grave recae

en los individuos que se encuentran en

dicha situación de desprotección. Los seguros

de desempleo no son suficientes ni en

cantidad económica (su cuantía suele ser inferior

al salario normal en el conjunto de es-

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

135 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

tenido, las personas sin ning˙n tipo de cualificaciÛn de

hecho, personas con minusvalÌas fÌsicas y psÌquicas,...

En este sentido, tampoco, los trabajadores de m·s de

45 aÒos desplazados por la innovaciÛn tecnolÛgica lo

tienen m·s asequible para volver a la vida activa, como

se ha seÒalado anteriormente, como tampoco lo tienen

f·cil los jÛvenes y mujeres que un dÌa estuvieron en activo

y que salieron del mercado laboral por diferentes

causas y que ahora desean reincorporarse al mismo

(OCDE, 1990).

tos países) ni en cobertura (y no toda la población

laboral está acogida a dicho seguro

de desempleo, y menos algunos colectivos de

larga duración que no han trabajado anteriormente),

es decir, no sirven como sustitución

de renta, no les evita todos los perjuicios

ocasionados por su inactividad.

Se considera que el desempleo (específicamente,

el de un año o más) se configura como

el primer elemento determinante del grado

de pobreza o de falta de bienestar de una sociedad,

donde la exclusión laboral puede encaminar

a un individuo a la marginalidad

empujado por circunstancias de desesperanza

y de acuciante necesidad.

Estos problemas suelen localizarse en colectivos

de «desempleo estructural» y, con

mayor frecuencia, en parados (de un año o

más en esta situación) como consecuencia de

periodos de recesión de las economías occidentales

industrializadas donde el porcentaje

de personas en esta situación aumenta significativamente

25.

Como contrapartida, en el conjunto de las

economías desarrolladas, los efectos de este

fenómeno recaen sobre los activos ocupados

que tienen que pagar un alto precio por la

falta de trabajo o por su defectuosa gestión y

se ven obligados a abonar parte de los costes

del desempleo, en general, a través de cotizaciones

sociales o impuestos más elevados.

Con lo que el seguro de desempleo queda

configurado con las cotizaciones al sistema

de la seguridad social de trabajadores y empresas

y, en parte, de las contribuciones del

sector público.

Consecuentemente, cuando el nivel de

desocupación prolongada aumenta, los trabajadores

empleados tendrán que contribuir

a financiar los mayores costes derivados del

abono del seguro de desempleo vía cotizaciones

o impuestos.

Ni que decir tiene que los costes sociales

del desempleo prolongado sobre los activos

ocupados son muy elevados, de manera que

resulta imprescindible destacar la desigual

distribución que tiene entre la población activa,

constatando que determinados colectivos

sociales padecen con mayor intensidad

este fenómeno del paro de carácter estructural

26.

En relación con la segunda causa del desempleo

de larga duración, hay que destacar

que los efectos de las nuevas tecnologías sobre

el empleo han producido cambios considerables

en las relaciones industriales tradicionales.

También es una realidad, el hecho de que

la aparición y difusión de las nuevas tecnologías

(electrónica, telemática, cibernética) están

logrando conseguir que el tipo de cualificaciones

requeridas sea de un nivel de

instrucción de base cada vez más amplio, polivalente

y elevado (de cultura técnica generalizada)

que va a hacer cada vez más difícil

la recuperación para el mercado de trabajo de

aquellos recursos activos desocupados y

abandonados en el tiempo (sobre todo, los

desempleados de larga duración sin cualificación

y con un desfase formativo evidente respecto

a dichos conocimientos que se requieren

y que les hacen no encontrar un empleo) 27.

ESTUDIOS

136 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

25 En los paÌses con menor grado de flexibilidad en

su mercado de trabajo y con mayor rigidez en las plantillas

de sus empresas, el porcentaje de desempleo de

larga duraciÛn es mayor que en los paÌses con mayor

flexibilidad y menor rigidez en su mercado laboral (VÈase,

LAYARD, NICKELL y JACKMAN, 1994).

26 La razÛn reside en que son ciertas caracterÌsticas

personales y ocupacionales las que determinan que la

probabilidad de algunos grupos de encontrarse en paro

sea muy superior a la media de la poblaciÛn activa. Los

m·s afectados por el desempleo prolongado son los colectivos

que se vienen seÒalando (OCDE, 1996).

27 Hoy en dÌa, con la incorporaciÛn de las nuevas

tecnologÌas se evoluciona hacia un sistema de organizaciÛn

del trabajo en el que el modelo de organizar la

producciÛn requiere una mayor cooperaciÛn tÈcnica

de todos los recursos humanos que van a utilizar el sistema

tÈcnico (propio del contexto tecnolÛgico influyen-

ACTUACIONES: LAS POLÍTICAS

ACTIVAS DE FOMENTO DEL

EMPLEO

A lo largo de la década de los años noventa

del siglo pasado, los Estados industrializados

y desarrollados occidentales han venido

adoptando un conjunto de políticas de mercado

de trabajo basadas en una serie de medidas

de carácter estructural para lograr reducir

las altas tasas de desempleo en los

mismos, sobre todo, el de larga duración que

demandaba de profundas reformas de los

mercados de trabajo, ya que: «Una política de

mercado de trabajo bien diseñada tiene con

frecuencia la ventaja de responder simultáneamente

a los objetivos de eficiencia y de

equidad» (OCDE, 1991; 18).

Sin embargo, las políticas activas de mercado

de trabajo 28 han venido diseñando y

aplicando medidas de choque contra tres de

los fenómenos, que ya se han apuntado anteriormente,

que vienen alterando negativamente

los mercados laborales, y que son: la

evolución demográfica; las nuevas tecnologías;

y las presiones crecientes, originadas por

el cambio estructural, sobre los puestos de

trabajo y su diversificación según las condiciones

del trabajo y la cualificación exigida.

Actualmente, en el ámbito de los Estados

desarrollados occidentales, las acciones de

toda política de mercado que esté bien diseñada

destacan por su ventaja y facilidad de

dar respuesta, simultánea, a los objetivos de

eficiencia y de equidad.

Si se desea que la acción gubernamental de

estos países incida realmente en el conjunto

de la oferta de la mano de obra, las medidas

especiales a favor de las demandas dirigidas a

los desempleados de larga duración deberán

actuar de acuerdo con los objetivos sociales de

toda política social y, concretamente, de la política

del mercado laboral que conduzca a la

posibilidad de obtener un tipo de empleo estable

para los mismos (OCDE, 1991).

Las políticas activas de fomento del empleo

y/o de la contratación se basan en acciones

o actuaciones dirigidas a la recuperación,

ante todo, de ese «desempleo estructural» (de

activos desocupados de larga duración) para

devolverlo al grupo de población de los activos

ocupados.

Además, para que dichas políticas sean

efectivas se siguen una serie de tareas, entre

las que destacan, sobre todo: la movilización

de los recursos humanos, ya que la «sociedad

activa» se distingue por el favorecimiento del

desarrollo de los mercados y la actividad de

todos los colectivos sociales para evitar, en la

medida de los posible, la aparición de fenómenos

como la pobreza, la dependencia económica

de los individuos y la exclusión laboral

y social.

Para ello:

Debe concederse prioridad a medidas activas

como la formación, los programas de

colocación y de reinserción destinados a

los desempleados, los inactivos y los beneficiarios

de la ayuda social, de forma que

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

137 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

te) y que exige una creciente y puesta al dÌa de cualificaciÛn

profesional que los desempleados estructurales

no poseen, incluso en el caso de los trabajadores mayores

de 45 aÒos (OCDE, 1993).

28 Respecto a las ´polÌticas activas de fomento de

empleoª y/o ´de la contrataciÛnª o denominadas, tambiÈn,

´polÌticas activas de mercado de trabajoª, y/o ´de

mano de obraª cabe decir que se trata de actuaciones

p˙blicas en el ·mbito de la polÌtica social (como una de

las dos polÌticas p˙blicas b·sicas, junto con la polÌtica

econÛmica, que diseÒan la acciÛn de gobierno en cualquier

Estado). Este concepto, aunque con diferentes voces,

es unÌvoco, y es utilizado por las polÌticas gubernamentales

de estos paÌses desarrollados para el fomento

de la contrataciÛn entre los empresarios, ante todo de

aquellos colectivos en una situaciÛn de inactividad prolongada

(desempleados de larga duraciÛn). Es un concepto:

´(Ö), utilizado en otro tiempo por la OCDE, tiene

un car·cter hÌbrido. La palabra ìactivaî proviene del

concepto sueco de ìpolÌtica activa de mercado de trabajoî,

que se forjÛ en los primeros aÒos de la dÈcada de

los cincuenta a causa de la insatisfacciÛn motivada por la

polÌtica de moderaciÛn salarial (OCDE, 1991; 29).

se rompa el círculo de dependencia, se reduzcan

las desigualdades en el acceso al

empleo y, en general, se introduzca a los

trabajadores en la gran corriente de las

actividades productivas. Esas prioridades

debieran reflejarse en la asignación de los

recursos (OCDE, 1991; 19).

Por otro lado, estas políticas activas de fomento

del empleo y/o de la contratación desarrollan

unas formaciones profesionales más

elevadas y adaptables para que los individuos

con mayores dificultades para volver al

mercado de trabajo puedan acceder al nuevo

tipo de empleo:

Para evitar la aparición o el agravamiento

del «déficit de personal cualificado», que

tendría graves repercusiones en los resultados

económicos, hay que desarrollar lazos

nuevos con el sistema de enseñanza y

reforzar el papel primordial desempeñado

por el sector privado en la formación de los

trabajadores y en la mejora de las cualificaciones

de los mismos (OCDE, 1991; 20).

Con lo cual, se necesita que la política activa

de mercado de trabajo se encuentre correctamente

coordinada con las políticas de

enseñanza y de formación, y: «(...), que para

fomentar la formación se cree una estructura

adaptada y estimulante en la que participen

los empleadores, los asalariados y los grupos

desfavorecidos» (OCDE, 1991; 21).

Finalmente, hay que subrayar la tarea de

la promoción de un espíritu de búsqueda activa

de empleo, especialmente, entre los desempleados

de larga duración favoreciendo dicha

tarea a través de la potenciación de los

Servicios Públicos de Empleo (SPEs) en sus

funciones de orientación y asesoramiento individual

y colectivo, y de formación profesional

ocupacional 29.

En este sentido:

Será conveniente aumentar la eficiencia

del mercado de trabajo prestando una amplia

gama de servicios a los diversos participantes

en el mercado de trabajo, tanto si

se trata de demandantes de empleo como si

se trata de empresas que buscan personal

con determinadas cualificaciones; esos servicios

no debieran responder solamente a

objetivos inmediatos, a corto plazo, sino

contribuir a largo plazo al desarrollo profesional

de los trabajadores y a la gestión con

vistas al futuro de los recursos humanos de

las empresas (OCDE, 1991; 22).

Las soluciones que ofrecen los poderes públicos

de los Estados desarrollados para combatir

el desempleo de larga duración deben

tener en cuenta dos aspectos distintos de este

tipo de paro: por un lado, el aspecto flujo

que tiene que ver con las variaciones marginales

a lo largo del tiempo y, por otro lado, el

aspecto stock 30.

Es precisamente, en esta tarea de cambio

de la tradicional y excesiva dependencia del

individuo respecto del Estado-paternal hacia

el fortalecimiento de la cultura laboral de

búsqueda activa de empleo, donde estos países

han venido aunando sus esfuerzos para

conseguir reducir las elevadas tasas de «desempleo

estructural» 31.

ESTUDIOS

138 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

29 Ya que: ´Para evitar que las personas desempleadas

que desean acceder nuevamente a un puesto de

trabajo se deslicen paulatinamente hacia una situaciÛn

de desempleo de larga duraciÛn, conviene conceder

prioridad a los servicios orientados al mercado y r·pidamente

eficaces, como la orientaciÛn profesional, y a los

servicios apropiados para aumentar la motivaciÛn para

el trabajo, estimular los esfuerzos de b˙squeda de empleo

y mejorar la aptitud para el trabajo. Si esos servicios

fracasan, habr· que pensar en formas de intervenciÛn

m·s intensivas por parte de los poderes p˙blicos,

como las subvenciones a la formaciÛn y al empleoª

(OCDE, 1991; 23).

30 Es decir: ´Cuando empeoran las condiciones econÛmicas,

es de esperar que algunos parados de corta duraciÛn

se sumen a las filas de los parados de larga duraciÛn

(el aspecto flujo). El problema del stock surge cuando

el flujo de salida de este grupo es pequeÒo, incluso aunque

mejore la situaciÛn econÛmicaª (OCDE, 1993; 280).

31 ´Los desempleados de larga duraciÛn constituyen

actualmente el principal objetivo de medidas intensivas.

Y, es imprescindible hacer mención al actual

diseño, en el caso español, de las políticas

activas de fomento del empleo 32, que se

constituyen en :

(...), un eje director de las medidas emprendidas,

de las que se derivan objetivos operativos

entre los que se pueden destacar los

siguientes: a) Potenciación de la transparencia

del mercado de trabajo, b) Desarrollo

de la Estabilidad en el Empleo, c)

Optimización de los Recursos Humanos,

d) Adaptabilidad y Flexibilidad para la

creación del empleo y e) Atención a los Colectivos

Desfavorecidos (MTAS, 2001; 99).

En cuanto a la atención de los colectivos

desfavorecidos, entre los que se recoge a los

desempleados de larga duración 33, se dice

que:

La cohesión social a través del empleo exige,

a su vez, la atención prioritaria sobre

los colectivos más vulnerables del mercado

de trabajo, como son los inmigrantes,

los discapacitados, los amenazados de exclusión,

los parados de larga duración y

aquellos otros colectivos con dificultades

en el proceso de inserción en el mercado

de trabajo (MTAS, 2001; 100-101).

A MODO DE CONCLUSIÓN

Para terminar, y en relación con un fenómeno

tan complejo como es el del desempleo

de larga duración, cabe decir que es

necesario establecer cuáles pueden ser las

grandes orientaciones de las políticas activas

de mercado de trabajo en su objetivo de

fomentar, sobre todo, el empleo y/o la contratación

para la categoría del desempleo

estructural.

En este sentido, se aboga por profundizar

e insistir en las siguientes pautas de conducta

para progresar:

En primer lugar, ahondar en la posibilidad

de promoción de unos recursos humanos

crecientemente cualificados que consigan au-

F'LIX M. HERRADOR BUENDÕA

139 REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES 35

En numerosos paÌses el SPE ha establecido procedimientos

especiales para asegurar que todos (Ö), sean convocados

a una entrevista y se les estimule vivamente a hacer

frente a sus propios problemas. Esos procedimientos

reciben asimismo nombres diversos (Ö), ìentrevista del

decimotercer mesì (Francia). En la mayorÌa de los casos,

estas entrevistas son obligatorias al tÈrmino de determinado

periodo de desempleoª (OCDE, 1991; 65-66).

TambiÈn, al hilo de lo argumentado, estos SPEs promocionan

la idea de movilidad geogr·fica para encontrar

un puesto de trabajo entre las personas inmersas en

este tipo de desempleo prolongado. Adem·s, la formaciÛn

profesional no es una soluciÛn, a corto plazo, de

los problemas que tiene el desempleado de larga duraciÛn,

sino que se considera m·s bien como una inversiÛn

en capital humano para el futuro, cuando menos a

medio plazo (OCDE, 1991).

32 ´La orientaciÛn general de las medidas de la polÌtica

de empleo en EspaÒa se fundamenta en el desarrollo

de la ConstituciÛn; la ConcertaciÛn Social entre

Agentes y de estos y el Gobierno; el proceso de Convergencia

con la UniÛn Europea, los Tratados Internacionales

en materia laboral y, finalmente, el desarrollo

de las PolÌticas Activas para una optimizaciÛn de los recursos

humanos y un proceso de adaptaciÛn y modernizaciÛn

del sistema productivoª (MTAS, 2001; 97).

En este caso vÈanse que: ´Los artÌculos 40, 41, y 42

contemplan los Principios Rectores de la PolÌtica Social

y EconÛmica, la orientaciÛn de las polÌticas hacia el Pleno

Empleo, los sistemas de ProtecciÛn Social, el Derecho

a la FormaciÛn Profesional o a la Seguridad e Higiene

en el Trabajo, la limitaciÛn de la jornada laboral y los

derechos de los trabajadores espaÒoles en el extranjero

ª. (MTAS, 2001; 97).

33 Las medidas activas de fomento del empleo para

el colectivo de los desempleados de larga duraciÛn, que

se utilizan en el caso espaÒol, se resumen, sucintamente,

de la siguiente manera: para FormaciÛn, acciones a

travÈs del Nuevo Programa de FormaciÛn Profesional,

de programas de formaciÛn ocupacional, y de formaciÛn

mediante el acercamiento entre sistema formativo

y la pr·ctica en la empresa; y para Empleo, acciones de

incentivaciÛn de los contratos de duraciÛn indefinida

para desempleados de larga duraciÛn, y de contrataciÛn

de desempleados para sustituir temporalmente a

trabajadores en excedencia por cuidado de familiares

(VÈase, el Informe TÈcnico del MTAS, titulado: ´La PolÌtica

de Empleo en EspaÒa. Informe de base sobre instituciones,

procedimientos y medidas de polÌtica de empleo

ª, 2001).

mentar el crecimiento económico, 'ya que,

tradicionalmente, el paro de larga duración

ha ido unido, indefectiblemente, a un bajo

crecimiento de la producción en los últimos

treinta años-; crear riqueza; y generar el empleo

más estable posible.

En segundo lugar, equilibrar, consecuentemente,

la inflación y el desempleo de tal

manera que se estabilice el empleo en periodos

de coyunturas económicas menos favorables

para el crecimiento y evitando los «cuellos

de botella» que se producen en los

mercados laborales cuando existen periodos

de expansión de la actividad.

En tercer lugar, que, sobre todo, los Servicios

Públicos de Empleo (SPEs) o, lo que es lo

mismo, la intermediación laboral pública de

estos países desarrollados mejoren, en mayor

o menor medida, la gestión de estos servicios

sociales prestando más atención y dedicación

a los desempleados de carácter estructural, a

través del ofrecimiento de ayuda para la búsqueda

activa de empleo con el fortalecimiento

de la orientación y el asesoramiento individual

de los demandantes de empleo, y,

siempre, en función de sus capacidades y posibilidades

profesionales, para permitir conocer

la casuística de cada uno de ellos.

Y, en cuarto lugar, conjugar eficiencia y

flexibilidad de los mercados de trabajo (conjuntamente,

con la mayor protección y garantía

del especial derecho, que por su situación

tienen, los colectivos de desempleados

de larga duración, ante todo, los menos cualificados

y los que aún no han podido acceder

por primera vez al empleo: jóvenes, mujeres

y minusválidos), y con la potenciación de la

inversión en capital humano para responder

adecuadamente a la evolución demográfica y

tecnológica.

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