Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales - Nbr. 77, November 2008
Arno Tausch/Alfonso Galindo Lucas - Profesor Asociado de Ciencias Políticas de la Universidad de Innsbruck/Profesor Asociado de Economía de la Empresa de la Universidad de Cádiz
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Proponemos un enfoque de sistemas mundiales para el debate actual sobre el fracaso europeo en el cumplimiento de los criterios de Lisboa para la equiparación con Estados Unidos en 2010. Mientras que la funesta realización de Europa se documenta en otros artículos, la perspectiva del sistema mundial es relativamente novedosa en el debate y argumenta que Europa devendrá comparable a largo plazo con los típicos países de América Latina durante la «internacionalización de los mercados internos» que empezó allí en los años '60 y '70. Europa no está siendo «amenazada» por «condiciones americanas»: Ambos continentes se enfrentan a los mismos desafíos, a los que América en un sentido capitalista resistió de forma más productiva en los años '90. La falta de política industrial en la tradición del Comisionado Jacques Delors es aquí una variable importante. La Europa de los 25 (UE-25) se caracteriza, según este argumento, por una alta penetración de corporaciones multinacionales y otros indicadores de dependencia, cuyo efecto neto en el desarrollo se está polarizando.
Hay también una dimensión histórica en el proceso de Lisboa. Las teorías de sistemas mundiales mantienen que la era actual de globalización ya tiene su paralelo en el siglo XIX. Los datos de la CEPAL/ECLAC de Naciones Unidas citados en este estudio demuestran claramente que estas épocas de globalización en el siglo XIX y después de 1973 supusieron una relativa transferencia de ingresos de Europa Occidental y Oriental y de Japón, en favor de Estados Unidos y sus zonas de influencia o «dominions», mientras que la era de la regulación después de 1945 (Arrighi, 1995) relocalizó claramente los ingresos relativos hacia los europeos occidentales y orientales y los japoneses. América Latina también ganó durante la época de sustitución de importaciones desde aproximadamente 1930 hasta en torno a 1973. Es de esperar que Europa Occidental y Oriental, América Latina, y también Japón, -que deben su ascenso relativo en la sociedad global después de 1945 a sus estrategias de sustitución de importaciones-, serán esencialmente perdedores durante las próximas décadas de globalización. La política de capital humano (gastos de educación pública por PIB) también está desempeñando un importante papel en la explicación de las diferencias internacionales de crecimiento. La relevancia de los factores Delors para la explicación de la eficiencia económica, justicia de género, empleo, cohesión social y desarrollo sostenible se muestra en un análisis de regresión múltiple con 130 países. Se aprecia que Europa efectivamente corresponde a tal análisis; lo que es peor, también se espera que la Latinoamericanizacion de la sociedad europea continuará, si Europa no regresa a la agenda Delors. En resumen, Europa hará bien en seguir la senda de Jacques Delors y no la de Argentina.La Unión Europea, la «Ciudad en la colina» y el Proceso de Lisboa
Introducción
Este ensayo trata de desarrollar y contrastar herramientas de análisis que expliquen de forma consistente la diferencia en ejecución del desarrollo entre Estados Unidos y la Unión Europea en los años 1990 y siguientes. Nuestro artículo no se contenta con comparar el lapso entre Europa y EE.UU.
Incluso desde la entrada en vigor del Mercado Único Europeo (1993) y la adopción de los tratados de Maastricht, cuya vigencia se hizo coincidir para el mismo año, una agenda claramente liberal dominó el discurso europeo, mientras en la realidad tenían lugar otras agendas. Autores tan divergentes como Andre Gunder Frank, Giovanni Arrighi y Erich Weede predecirían el posterior declive relativo de Europa en la economía global.
Mientras que los argumentos del neo-liberalismo se basan en la existencia de pequeñas empresas que compiten, el capitalismo es necesariamente un sistema basado en las grandes multinacionales. Hace tiempo que se usa el término «transnacional» (Jané, 1978) o sectores globales (Porter, 1988). La relación entre estas empresas y la naturaleza del sistema viene siendo la misma que hace unas décadas (Cea, 1978), aparte de una sustancial mejora de su relación de favoritismo con las instituciones y la ciencia. Algo han cambiado las estrategias, puesto que los grandes conglomerados en aquel entonces eran de carácter más comercial y financiero y adoptaban posiciones diversificadas (Brunet y Belzunegui, 1999, 2000), mientras que ahora se ven más claramente cuáles son los sectores rentables.
En la actualidad, ningún economista razonable afirmaría defender los principios del neo-liberalismo, no tanto por ser un enfoque incorrecto, sino por su identificación con regímenes dictatoriales atroces. El paradigma liberal ya no es válido, puesto que las empresas poderosas restringen ellas mismas la libertad de entrada, violando los principios del mercado y su misma existencia en muchos sectores. El esquema institucionalista parece ser el objetivo intelectual de los poderes empresariales para procurarse un marco justificativo. Nuestra confianza en el sistema político nos lleva a conceder a las instituciones (especialmente, la autoridad política y la científica) y sus decisiones el carácter de restricción inevitable. Sin embargo, para las grandes empresas, dichas decisiones son variables en las que se puede incidir desde las políticas empresariales. El neo-institucionalismo es inmune a la forma de política económica adoptada y rescata una cierta idea de Estado providencia, aliviando el oído de los usuarios del léxico económico, pero no elimina el riesgo de terminar defendiendo políticas agresivas desde el punto de vista social y justificando el poder de mercado, bajo la terminología del neo-institucionalismo, si nuestro análisis en este enfoque no se asoma más allá de las instituciones (incluida la ciencia) para vislumbrar a las multinacionales. El descubrimiento de sus intereses puede servirnos para explicar muchas injusticias de índole mercantil, social, medioambiental, sanitaria, bélica, de política económica, etc.
Este ensayo no es complaciente en la usual «disputa de belleza de Lisboa» acerca de dónde se hayan los «pecados» o las ventajas del modelo americano con respecto al europeo. Desde el marco analítico de las investigaciones empíricas en sistemas mundiales, dichas cuestiones de disputa de bellezas se vuelven más bien aburridas, después de un tiempo, porque tanto los defensores como los críticos del sistema
«Dependencia y desarrollo en Europa»
Hay ante todo algunas consideraciones
Andre Gunder Frank ha propugnado durante mucho tiempo que la búsqueda de
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Europa ha de ser contemplada en la perspectiva más amplia del reascenso de Asia en el sistema mundial. La Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas, ECLAC/CEPAL, en su ensayo pionero «Globalización y desarrollo» (2002)
Normalmente, las teorías de sistemas mundiales mantienen que la era actual de globalización ya tiene su paralelo en el s. XIX.
Los datos de la CEPAL/ECLAC de Naciones Unidas demuestran claramente que en estas épocas de globalización en el siglo XIX y después de 1973 los ingresos se transfirieron de Europa Occidental y del Este y Japón, en favor de Estados Unidos y los dominions (Australia, Nueva Zelanda y Canadá), mientras la era de la regulación después de 1945 (Arrighi, 1995) relocalizaba claramente los ingresos relativos hacia los europeos y los japoneses. América Latina también ganó durante la era de sustitución de importaciones desde en torno a 1930 hasta alrededor de 1973.
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El movimiento decenal en la posición internacional de las diversas regiones del mundo nos cuenta una historia muy dramática:
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Es de esperar que Europa Oriental y Occidental, América Latina, y también Japón -que deben todos su relativo ascenso en la sociedad global después de 1945 a sus estrategias de sustitución de importaciones- serán los principales perdedores durante las próximas décadas de globalización. La comparación más a corto plazo de los patrones de desarrollo entre la Europa de los 15 y EE.UU. revela que la globalización, medida por la reciente fase de flujos a favor de inversiones directas (FDI) como un porcentaje del PIB, realmente empezó a elevarse en EE.UU. hacia 1992 y en la UE-15 hacia 1998, mientras la desigualdad, medida según la serie de datos del Proyecto sobre Desigualdad de la Universidad de Texas (UTIP), basado en diferencias de ondulación entre las categorías 21 ONUDI/UNIDO de sectores económicos, realmente empezó a incrementarse en Europa hacia 1995 y en EE.UU. hacia 1996. El desempleo europeo, -que alcanzó su primer máximo en 1988, el segundo en 1995 y que ahora de nuevo está elevándose seriamente-, comenzó en torno a 1982 a ser más elevado que en EE.UU. Hay un retardo de aproximadamente tres años de duración en el ciclo económico entre Europa y América, que refleja la posición más débil de Europa, en términos de sectores punteros, investigación y desarrollo, y tecnología (nuestras figuras se basan en el UTIP
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Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, ya en los '70, publicaron sendos análisis de los días de declive de la sustitución de importaciones y la «internacionalización del mercado interior» bajo el título «Dependencia y Desarrollo en América Latina». Su predicción en aquél tiempo fue que las corporaciones multinacionales, que ya entraban masivamente en mercados de países que sustituían importaciones, junto con el capital «nacional» y el Estado formarían una «triple alianza» y que la pobreza relativa y la marginalización se mantendrían o incluso se incrementarían bajo las circunstancias de una estructura tan oligopolística. La experiencia, a partir de entonces, ha confirmado la teoría de Cardoso de aquel entonces: Brasil nunca regresó al boom que duró hasta 1972, después del golpe militar de 1964, con un crecimiento en una
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La UE-25 se caracteriza, de acuerdo con este argumento, por el mismo ciclo, causado por una alta penetración de multinacionales (MNC-PEN, indicador de la CNUCD/UNCTAD para la inversión directa extranjera por PIB total) y otros indicadores de dependencia, cuyo efecto neto se resumía por el mencionado antiguo Presidente de Brasil y sociólogo Fernando Henrique Cardoso, en 1979:
* Hay una penetración financiera y tecnológica por parte de los centros capitalistas desarrollados de los países de la periferia y semi-periferia.
* Esto produce una estructura económica desequilibrada tanto dentro de las sociedades periféricas como entre éstas y los centros.
* Esto lleva a limitaciones en el crecimiento auto-sostenible en la periferia.
* Esto favorece la aparición de patrones específicos de relaciones de clase.
* Lo cual requiere modificaciones en el rol del Estado para garantizar tanto el funcionamiento de la Economía como la articulación política de una sociedad con restricciones dentro de sí misma, focos de desarticulación y desequilibrio social.
Los análisis publicados con anterioridad (Tausch, 2000-2004) muestran precisamente que la Unión Europea repite la senda de América Latina después del fin de las políticas de sustitución de importaciones, tan bien conocida para la teoría de la dependencia, y deviene -como Brasil, en ese tiempo- una zona muy dependiente tecnológicamente de la Economía mundial, caracterizada al mismo tiempo por desigualdades de crecimiento y dependencia. Nuestros resultados ratifican
Los autores de la dependencia
Los últimos análisis del sistema mundial -que comenzaron con los escritos del austrohúngaro socialista Karl Polanyi después de la Primera Guerra Mundial- tendían a confirmar y expandir este argumento de la dependencia. El capitalismo en la periferia, como en el centro, se caracteriza por fuertes fluctuaciones cíclicas. El surgimiento de un grupo de semi-periferias tiende a producirse a expensas de otro grupo, pero la estructura desigual de la economía mundial, basada en el intercambio desigual, tiende a permanecer estable. No obstante, sería incorrecto describir la dependencia simplemente en términos de penetración de multinacionales y descuidar otros aspectos de aquélla relación. Autores como Paul Israel Singer hacen énfasis en el balance de recursos como indicador del peso del ahorro externo
El concepto empírico de dependencia que usaremos en nuestras ecuaciones entre naciones incluye al menos tres dimensiones:
* Intercambio desigual. * Penetración de corporaciones multinacionales (MNC-PEN).
* El balance de recursos.
Mantenemos que la principal diferencia de desarrollo y crecimiento económico en nuestra época son las siguientes variables:
* Un alto esfuerzo del capital humano, medido, entre otros valores, por el porcentaje de gasto público en educación en relación con el PIB (PUB EDUC). EE.UU. tenía valores más altos que los siguientes países: Reino Unido; República Checa; Malta; Holanda; Eslovaquia; España; Italia; Alemania; Hungría; Chipre; Luxemburgo; Rumania; Bulgaria; Grecia; Bélgica; y Turquía.
* Evitar el intercambio o transferencia desigual, ver arriba. Sólo Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca tienen valores superiores al de Estados Unidos, y de forma continuada, especialmente desde 1998, las realizaciones europeas decrecieron de forma drástica.
* La penetración del capital transnacional (MNC-PEN) medida por la serie de datos de inversión extranjera directa (FDI) por PIB de la CNUCD/UNCTAD: sólo Grecia, Italia y Turquía tuvieron mejores valores que Estados Unidos.
Nuestra tabla muestra cómo Europa responde ya a una imagen de «Dependencia y desarrollo».
A la ciencia y la práctica política social europea no les queda otra forma de abrirse que mirar más profundamente dentro de los patrones de globalización y desigualdad que la Unión Europea afronta. Usando la serie de datos de desigualdad en el sistema mundial desde el 1960s, del UTIP, basado en basado en datos de salario mensual en los 21 diferentes sectores económicos según la clasificación de la ONUDI, llegamos al siguiente mapamundi de correlaciones entre series temporales y desigualdad. Es de remarcar la explosión real de desigualdad de salarios en el Este europeo. Es más, la parte correspondiente al
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20% más pobre en EE.UU. es inferior que en la mayoría de los países europeos (excepto en la antigua URSS, véanse nuestros datos basados en fuentes del PNUD):
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Hacia un análisis más realista del proceso de Lisboa
En el presente capítulo, evaluaremos los argumentos teóricos, desarrollados más arriba y en publicaciones anteriores y aplicaremos las diferentes teorías para contrastar cómo predicen los siguientes procesos relativos a Lisboa:
- crecimiento económico 1990-2002 (Informe de Desarrollo Humano del PNUD, 2004)
- empleo (tasa de actividad económica femenina como % de la tasa masculina)
- cohesión social (porción de ingreso /consumo del 20% más rico en relación con el 20% más pobre)
- medio ambiente (emisiones de CO2 per capita)
- medio ambiente (El de desarrollo sostenible ESI
La elección de los 130 países vino determinada por la disponibilidad de una completa serie de datos para las variables independientes (si no se menciona lo contrario, datos del PNUD):
* Porcentaje de población mayor de 65 años, 1998.
* (Ingreso - Ahorro)/PNB (calculado a partir de PNUD 2000).
* Nivel de desarrollo ln(PIB PPP pc):
Logaritmo del PIB per capita en poder real de compra.
* Efectos de madurez: ln(PIB PPP pc)2.
* Pertenencia a la UE-15 (Miembro de la
UE en el año 2000, variable dummy o binaria).
* Pobreza extrema como condición definitoria del crecimiento económico a largo plazo y el desarrollo (% con expectativa de vida no superior a 60 años).
* Pertenencia a la Conferencia Islámica (Figurar como miembro en la página web de la OIC
* MNC-PEN 1995 (CNUCD/UNCTAD), variable ya comentada más arriba.
* Desarrollo global de la política social como condición definitoria del crecimiento económico y el desarrollo a largo plazo (factor desarrollo social, Tausch, 2001b, calculado a partir de 35 indicadores sociales del PNUD, análisis factorial con SPSS
* Gasto público en educación por PIB.
* Iintervencionismo del Estado (ausencia de libertad económica; página web de la Heritage Foundation y el Wall Street Journal para la libertad económica
* Intercambio desigual (calculado a partir de PNUD, concepto: ERDI).
Se usaron las siguientes variables dependientes
* Emisiones de CO2 per capita.
* Violaciones de derechos políticos (Freedom House, 2000
* Tasa de actividad económica femenina como % de la masculina.
* Índice ESI.
* Crecimiento económico 1990-2002 (Informe de Desarrollo Humano del PNUD, 2004).
En función de nuestro análisis, los patrones divergentes de crecimiento y desarrollo no son una coincidencia, sino que están bien explicados por nuestro marco orientado hacia la dependencia general y el capital humano. Nuestros resultados con 130 países desarrolla y profundiza la comprensión del funcionamiento de la economía mundial capitalista, como se informaba en nuestros estudios anteriores, basados en 109 países (Tausch et al., ensayos de 2003 y 2004), como predice la teoría de la dependencia, los indicadores dependencia tienen un notable efecto negativo sobre la mayor parte de los procesos de desa-rrollo. Para tomar una mejor visión de los patrones subyacentes, referimos aquí todos los resultados en los que el coeficiente de regresión es al menos dos veces mayor que la desviación típica del estimador. Los resultados significativos detallados se muestran abajo en tablas más pormenorizadas. Empecemos primero con el crecimiento económico: MNC-PEN 1995 está negativamente relacionado, mientras que la pertenencia a la Conferencia Islámica así como el esfuerzo público en educación influyen positivamente sobre la tasa de crecimiento económico. Ceteris paribus, hay un fuerte efecto no-lineal del nivel de desarrollo, de tipo Kuznets, sobre la variable violación de derechos políticos, sobre todo en los niveles medios de desarrollo, y a partir de ahí, se desnivela. El intercambio desigual y el ahorro externo están estrechamente relacionados con las violaciones de derechos políticos, y lo que es más extraño, la pertenencia a la UE no conlleva un mayor respeto por los derechos políticos, en sentido contrario. No obstante, también debería ser tenido en cuenta que los esfuerzos públicos en educación son a menudo mayores en países con una estructura política autoritaria. Desde los escritos de Colemann (1965), la educación debería ser siempre mencionada entre las variables determinantes de la ejecución del desarrollo de un país. Educación y formación del capital humano se destacaban en el «informe sobre Desarrollo Humano» del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, como variables que determinan positivamente el resultado del desarrollo. Para el PNUD ha sido autoevidente, a lo largo de la última década, que la representación institucional de género y el re-direccionamiento de los gastos públicos de defensa contribuirán positivamente a un resultado positivo del desarrollo. Sin embargo, el pensamiento neo-liberal trataría con cautela tan prematuras conclusiones. El gasto público en educación sigue siendo gasto público, y es totalmente concebible que a largo plazo afecte negativamente a las oportunidades de desarrollo de una sociedad, no porque sea gasto destinado a educación, sino porque sigue proviniendo de fondos públicos. Para este entendimiento teórico, la reforma de la Universidad y su privatización serían pasos políticos importantes para conseguir un desarrollo más viable. Así pues, las inversiones en recursos humanos y desarrollo humano desde la publicación del primer Informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano, a principios de los 90, siempre son consideradas como la clave para un desarrollo sostenible y socialmente equitativo. Sin embargo, como ocurre a menudo en la teoría del desarrollo, el optimismo inicial al considerar los efectos de una variable, pronto tuvo que ser revisado. En nuestra muestra, los países con mejor registro de gasto público en educación (PUB EDUC EXP > 5.0% de PIB) eran: Moldavia, Namibia; Botswana; Lesotho; Suecia; Dinamarca; Suráfrica; Jordania; Uzbekistán; Tunicia; Israel; Arabia Saudí; Jamaica; Finlandia; Polonia; Noruega; Nueva Zelanda; Barbados; Estonia; Zimbabwe; Yemen; Canadá; Kenia; Letonia; Congo; Francia; Irlanda; Bielorrusia; Portugal; Swazilandia; Mongolia; Eslovenia; Lituania; Australia; Suiza; Malawi; Fiji; Austria; Estados Unidos; Islandia; Costa Rica; Kirguizistán; Marruecos; Croacia; Reino Unido; Georgia; Venezuela; Argelia; Brasil; República Checa;
Revisemos ahora los efectos de nuestras variables explicativas de un modo más sistemático. Como uno de los tres principales indicadores de dependencia, la confianza en los ahorros extranjeros alivia la carga de distribución contra los segmentos más pobres de la sociedad durante el proceso de acumulación, pero tiene varios efectos negativos sobre la variedad de otros procesos de desarrollo, incluido el medio ambiente (los ahorros extranjeros disminuyen el índice ESI e incrementan las emisiones de CO2 per capita) y ello eleva la frecuencia de violación de derechos humanos. La penetración de corporaciones tiene como principal efecto el de bloquear el crecimiento económico a largo plazo. Esta variable MNC-PEN contribuye a un índice ESI mejorado (aunque el efecto no es significativo al nivel del 5%, en las dos colas del test) y a un registro mejor en derechos humanos. El efecto medioambiental positivo podría ser una consecuencia de estándares medioambientales más altos en las transnacionales líderes y la instauración del cuerpo legislativo de la Unión Europea (acquis communautaire) en los países anfitriones de las fuertes inversiones transnacionales en Europa Central y del Este. Por detrás de la perspectiva de la pertenencia a la UE, se transferían en la región masivas inversiones por parte de las transnacionales. Pero también debería enfatizarse el hecho de que el indicador ESI no está libre de controversia, y ha de ser confrontado con otras medidas más directas de la calidad del medio ambiente, tales como el consumo per capita de CO2 etc. El efecto sobre las emisiones de CO2 es muy débil - MNCPEN las reduce, pero la probabilidad de error es superior al 90%. El intercambio desigual tiene unos resultados negativos muy claros sobre democracia y medio ambiente (emisiones de CO2 per capita). El efecto positivo de la penetración de capital extranjero sobre la redistribución de ingresos, causado principalmente por la mejora del empleo traída por las multinacionales, reportado en estudios anteriores, existe, pero es insignificante, pues su probabilidad de error sobrepasa el 40%.
La intervención del Estado reduce las emisiones de CO2 per capita, pero está asociado negativamente con las oportunidades de empleo femenino. Esto sugiere de nuevo que la intervención del Estado extiende las estructuras sexistas en el mercado laboral.
El envejecimiento es parte inseparable de la estructura de las sociedades industrializadas occidentales y orientales. El envejecimiento contribuye a una escasez generalizada de mano de obra, que a cambio lleva a relaciones distributivas mejoradas entre ricos y pobres. Sin embargo, también deben ser considerados apropiadamente varios efectos negativos- especialmente el de una estructura de población envejecida sobre la intensidad de energía del proceso societario. Cuando la mano de obra es escasa, se usan tecnologías intensivas en capital y energía.
Encontramos efectos positivos significativos de la pertenencia a la Conferencia Islámica sobre la democracia y el medio ambiente (las naciones musulmanas, ceteris paribus, tienen una significativamente baja tasa de emisiones de CO2 per capita) así como sobre el crecimiento económico. Muchos de los males de la región, normalmente asociados con el Islam, son más bien una consecuencia de otras condiciones definitorias dentro del marco de nuestro enfoque del desarrollo internacional basado en la dependencia y el capital humano.
La pertenencia a la Unión Europea arroja resultados algo sorprendentes observados al menos desde la perspectiva de la burocracia
«Todavía hay, a ambos lados del Atlántico, quienes creen que la Unión Europea, como una burocracia socialista pasada de moda, es «fundamentalmente irreformable» y también culturalmente hostil a Estados Unidos» (Wilkie, 2003: 46)
Hay una amplia gama de literatura disponible hoy que perfila el efecto negativo de la integración Europea en una economía mundial globalizada (para una revisión de la literatura y evidencia politométrica, véase Tausch y Herrmann, 2001). En el presente diseño de investigación, el efecto más considerable es el intercambio negativo entre pertenencia a la UE y democracia política, una vez controladas las demás variables intervinientes que explican en conjunto el 63'73% de la variabilidad de violaciones de derechos políticos, reproduciendo así de nuevo el hallazgo de un estudio anterior con 109 países, reportado en Tausch (2003 - 2004). Nuestros resultados con respecto a la Unión Europea deben considerarse aún más reveladores, en tanto que también consideramos que - en contra de las asunciones populares- la pertenencia a la Conferencia Islámica no es un impedimento para la democratización. Nuestros resultados contradicen claramente muchas de las expectativas inherentes en los escritos del profesor Samuel Huntington. Tres indicadores de desarrollo -para medio ambiente, crecimiento económico y democracia, respectivamente- están positiva y significativamente determinados por la pertenencia a la Conferencia Islámica, controlando apropiadamente los efectos de las demás variables que influyen. Sin embargo, la justicia de género en el mercado laboral y la redistribución siguen siendo el «talón de Aquiles» de los miembros actuales de la Conferencia Islámica, lo cual refuerza el argumento de aquellos que propugnan -como en el informe de Naciones Unidas de Desarrollo Humano Árabe- mayor inclusión social y más justicia de género en la región. Pero estos efectos en este nuevo estudio de 130 países no son ya significativos al nivel del 5% (bilateral).
Tanto las variables de política social, es decir, el estado global de desarrollo del sector social, medido por nuestra escala de «política social»de 35 variables, como nuestro indicador para la existencia o erradicación de la pobreza extrema (medido por la proporción de personas que no cumplirán los 60) determinan las variables dependientes de nuestro modelo del siguiente modo: política social global y erradicación de extrema pobreza tienen efectivamente el efecto significativo de reducir la desigualdad global de ingresos e incorporar en el mercado laboral el «ejército de reserva» femenino, pero es más evidente que los estados socialmente activos que reducen la extrema pobreza y hacen extensivo el sistema de bienestar lo hicieron al precio del deterioro medioambiental (mayores emisiones de CO2 per capita).
Nuevamente, los conocidos efectos aceleración y madurez del desarrollo deben ser revisados de forma importante. Desde los tiempos de Simon Kuznets, los investigadores del desarrollo siempre han aplicado formulaciones curvilíneas a fin de capturar estos efectos. Sin embargo, los resultados no son tan claros como cabría esperar; y -por si fuera poco- el sentido de tal influencia difícilmente se corresponde con la ecuación. La función no lineal de crecimiento, al someterse a regresión sobre el logaritmo natural del nivel de desarrollo y su cuadrado, es llamada a veces el «efecto Mateo, según Mateo» (13, 12):
«Porque a aquél que tiene, más le será dado y tendrá de sobra; pero a aquél que no tiene, le será quitado incluso lo poco que tuviere»
Los científicos sociales interpretaron este efecto principalmente en vista de una acele-
* Se incrementan las violaciones de derechos políticos.
* Se incrementa la tasa de actividad económica femenina.
La segunda parte de la «curva de Kuznets» b2×(ln (PCItn))2 tiene hoy los siguientes resultados:
* Decreciente violación de los derechos políticos.
* Decrece la proporción de ingreso / consumo del 20% más rico con respecto al 20% más pobre.
* Se incrementa la tasa de actividad económica femenina.
Así pues, existe una « curva de Kuznets» de democratización más que un «efecto Mateo» del crecimiento económico. Debería estar claro que una confianza en el «Consenso de Washington» por sí sola no va a «fijar» el desempeño de los países más allá de una buena y más predecible «estabilidad desarrollista». La consecuencia más consistente del análisis de «dependencia» de este ensayo es la apreciación de que una confianza en la «libertad económica» a corto plazo puede conllevar consecuencias positivas para el empleo especialmente femenino pero que las consecuencias negativas a largo plazo de dependencia en la esfera social, pero también para el desarrollo sostenible, superan los efectos positivos inmediatos. Nuestra comprensión empírica de tres pliegues del proceso de globalización: la confianza en los ahorros extranjeros, la penetración de multinacionales y el intercambio desigual va más allá del análisis medio del funcionamiento de las estructuras de dependencia y muestra cómo los diferentes aspectos de la dependencia afectan negativamente a la ejecución del desarrollo. Este análisis de 130 países muestra de nuevo que la integración en la Unión Europea no es, por otra parte, un remedio rápido para muchas de las enfermedades sociales de la periferia y semi-periferia. La UE, en las actuales condiciones, no consigue tener efectos suficientemente dinámicos y su déficit democrático se presenta cada vez más claro. En términos del tamaño del efecto cuantitativo sobre el desarrollo de 6 dimensiones que está siendo objeto de investigación, se muestra que una política social decente y un buen esfuerzo del capital humano sigue siendo uno de los más importantes pre-requisitos para ascender y permanecer como una democracia orientada al crecimiento estable en el siglo XXI.
En términos de capacidad de los predictores usados en nuestras ecuaciones para conseguir resultados significativos, podríamos llegar al siguiente ranking vagamente establecido:
* ln(PIB PPP pc)^2 (efecto de la madurez y estancamiento).
* (I - A)/PNB.
* Pertenencia a la Conferencia Islámica.
* ln(PIB PPP pc).
* Gasto público en educación por PNB.
* Intercambio desigual.
* Porcentaje de gente que no se espera que sobrevivan a la edad de 60 años.
* Penetración de las multinacionales 1995.
* Factor desarrollo social.
* Porcentaje de población con más de 65 años de edad en 1998.
* Intervencionismo del Estado.
* Pertenencia a la UE.
[ VEA EL GRAFICO EN EL PDF ADJUNTO ]
¿Es realmente diferente la senda de EE.UU. en comparación con los países UE- 15? Las siguientes predicciones de crecimiento económico y desigualdad de ingresos y sus residuos provienen de nuestra ecuación, determinada, al 37'3%, por una baja penetración de corporaciones y gastos públicos en educación elevados, inter alia:
¿Cómo de diferente es realmente la desigualdad americana? ¿Dónde está el lugar de América en comparación con los países UE- 15? Las tasas de baja supervivencia hasta 60 años son un factor de desigualdad creciente de ingresos, y el proceso de envejecimiento, el ahorro externo, el logro global de la política social de un país y los efectos de rigidez del capitalismo «maduro», todos ellos, reducen la desigualdad significativamente. La predicción de desigualdad, con un 49'91% de la variabilidad total explicada, es la siguiente.
Los activos de crecimiento más fuertes de la economía de EE.UU. son los fuertes esfuerzos en capital humano; en nuevas tecnologías punta, especialmente telecomunicaciones, y las excelentes oportunidades para mujeres con educación superior en el mercado laboral.
[ VEA EL GRAFCICO EN EL PDF ADJUNTO ]
[ VEA LOS MAPAS EN EL PDF ADJUNTO ]
Conclusiones teóricas y políticas
En nuestro marco de referencia del sistema mundial, el problema no es que los políticos, por ejemplo, el presidente de turno de la Comisión Europea, acierten o se equivoquen, sino que el propio concepto de Estado (en general, los entes territoriales soberanos) es ya un trasto del pasado y aunque sirva aún como ámbito de análisis de nueva realidad global, no es tan útil como instrumento de cambio social. La Unión Europea tiene un ámbito espacial más amplio y abarca políticas (como el medio ambiente o las PYME) que no han sido tradicionalmente asumidas por los Estados miembros, pero en lo referente a la dependencia económica, le son de aplicación similares análisis. Por eso, en muchas ocasiones es incompleto el discurso de culpar exclusivamente a los políticos de la explotación que sufren sus naciones o regiones por parte de las multinacionales. Es más, las grandes multinacionales no necesitan tener de su parte al dirigente político (como sugiere gran cantidad de bibliografía consultada), porque pueden hacer daño a la economía de un país o conjunto integrado de países, mediante la amenaza de deslocalización y evasión rápida de capitales. El imparable ascenso del fenómeno «no gubernamental» (Galindo, 2005) pertenece a aquél otro al que se ha denominado «crisis del Estado». ¿Podrían estar los grandes capitales detrás de esta espontaneidad fomentada por los propios poderes públicos? La crisis del Estadonación se trata, usualmente, como un tránsito hacia una situación en que el escenario global negará a los ciudadanos del mundo una participación efectiva, estando ésta limitada a ámbitos territoriales concretos (véase el caso de los inmigrantes). Aunque Castells defiende la gran influencia político-económica que sigue correspondiendo al Estado y el poder formal que les queda para «bloquear los movimientos de capitales» (Castells, 1997, p. 337 in fine), nuestro punto de vista es más realista con respecto al ejercicio que dichos Estados van a hacer de tales poderes. Cuando la obra en cuestión y otras de los felices años 90 se redactan en términos de recomendaciones del experto al Estado y arengas a los funcionarios corren el riesgo de convertirse en utópicas, teniendo en cuenta la restricción presupuestaria con la que éstos actúan.
La tradicional cuestión de si el Estado debe intervenir en la Economía puede ser sustituida por la cuestión de «a favor de quién» interviene o debería intervenir. Conforme las tecnologías han propiciado la movilidad social de los distintos tipos de productores, los clientes predilectos de los Estados han podido cambiar. Siguiendo a Stiglitz (2003), damos por sentado que la intervención y la regulación públicas son necesarias, pues de hecho se ejercen. No hay que olvidar que el triunfo del sistema capitalista sobre el bloque soviético no ha sido posible sin la guerra fría y ésta se ha efectuado con cargo a presupuestos públicos y con graves transgresiones del principio de competencia. El Estado ha socorrido, mediante protección, a los grandes grupos empresariales de los países que hoy son grandes potencias. La carrera armamentística fue el origen de la mayor parte de inventos disponibles hoy para el consumidor. Pero esta intervención puede no estar siempre siendo encauzada a los fines más correctos, desde el punto de vista de la eficiencia (mucho menos, la justicia). La intervención del Estado, realizando operaciones de mercado es un tema tradicional en la Economía: Cuando la intervención se produce en los mercados financieros, solemos hablar de política económica; cuando se produce en ámbitos industriales o de prestación de servicios, hablamos de planificación económica. En cambio, la regulación ofrece nuevas líneas de estudio, debido, en primer lugar, a la imposibilidad de invertir, por efecto de la «austeridad presupuestaria». En segundo lugar, la regulación es el campo de aplicación de la Economía del Derecho.
Pero la gran cuestión, que rara vez ha sido abordada por los economistas, es si un Estado o un organismo público que no tiene capacidad económica para intervenir posee una
La principal de las condenas que cumple el Estado moderno es la taxativa orden de alejamiento con respecto a los mercados, si es que existen. Ya no tiene poder ni competencia para imponer trabas a la circulación de mercancías, ni de servicios, ni (mucho menos), de capitales
En la vida real, las empresas no solamente compiten en el mercado, sino en el seno de las instituciones, de forma cada vez más evidente, con la añadidura de que a veces son las Administraciones públicas (Galindo, 2003) o los mercados interiores (Galindo, 2004) los que compiten entre sí por el producto, el consumo o el capital de las grandes multinacionales.
Krugman (1997) hace una crítica a la idea de que la riqueza de las naciones está determinada por su éxito en los mercados. Al respecto hay que decir que en la mayoría de los libros y artículos consultados acerca del comercio internacional se echa en falta una mención, en relación con dicho éxito, de la existencia de amenaza militar, ese gran intangible de las multinacionales que no figura en el activo del balance. Si tenemos en cuenta esta variable, es fácil explicarse acontecimientos como los resultados de la octava conferencia internacional del GATT
Mientras que la implantación de medidas neoliberales en América Latina supuso a las empresas multinacionales la búsqueda de mercados, para los economistas (entonces, la Escuela de Chicago) representó la búsqueda del mercado como concepto, el ámbito ideal, en el que a largo plazo, se produjesen las
En otro orden de cosas, los célebres criterios de convergencia de la zona euro continúan vigentes en el denominado «pacto de estabilidad». En él se establece la obligación de mantener las cifras de déficit y endeudamiento público en determinados porcentajes máximos, no con respecto a los gastos o ingresos públicos, como sería lógico, sino en términos del P.I.B. Con esto se logra el efecto de dimensionar al sector público con relación a la economía nacional, impidiendo que adquiera importancia y poder de intervención económica. Las Administraciones públicas no podrán endeudarse, con relación a sus cuentas, en un porcentaje que les permita apalancar al máximo las inversiones productivas y obtener, con ellas, una rentabilidad financiera positiva. Pasan a convertirse en meras unidades de ahorro y consumo, a modo de economías domésticas comunes, pero con la diferencia de que las economías domésticas no suelen desviar las decisiones de consumo en beneficio de los proveedores. Esta restricción afecta sobre todo a las economías más pobres, pues en países como Estados Unidos, donde la renta nacional es la mayor del mundo con diferencia, establecer el déficit público en un 3.46 % (valores de 2003 según Economist; deuda pública acumulada actual de Estados Unidos: 62.43% del PIB) con respecto a dicho Producto equivale a permitir al Gobierno Federal alcanzar un nivel de endeudamiento que le permita efectuar sus políticas sociales e incluso gran parte de las campañas bélicas, sin restricciones financieras perceptibles. ¿Tal vez las grandes potencias están imponiendo a las pequeñas naciones limitaciones presupuestarias que las primeras no cumplen? Recordemos que Alemania se permitió imponer al resto de los Estados miembro de la UE unos criterios de convergencia que ella misma prefirió incumplir. A cambio, ella misma se administró un discreto «tirón de orejas», por medio del Banco Central Europeo
Todas estas críticas que se han hecho en algunos trabajos anteriores son meras reprimendas si se comparan con el trasunto fundamental del papel del Estado, cual es el interés general. Pero, desde el punto de vista económico, hay una idea que es necesario tener siempre presente y que debemos a magníficos economistas, como Keynes. Esta idea es que el déficit es bueno, hasta un determinado nivel. A las empresas se les recomienda constantemente que asuman un cierto grado de «apalancamiento», es decir, de endeudamiento, porque eso incrementa la rentabilidad del capital propio. En el caso de los entes públicos, lo que se incrementaría sería la rentabilidad pública.
A raíz de esta idea, aún es posible complementar la crítica con otra gran verdad poco
Los intereses de la banca coinciden hasta cierto punto con el afán des-regulador de los sectores punta, que están en proceso de concentración. Un Estado que interviene económicamente y se endeuda está captando ahorros en condiciones competitivas y esto encarece la financiación de los Bancos, por medio de depósitos. La auto-condena de los Estados en favor de los intereses corporativos privados es sólo comparable al sometimiento histórico de los emperadores a los dictámenes de la Iglesia, donde el adjetivo católico hacía entonces las veces de lo transnacional. Buena parte de las políticas de modernización a nivel local tienen como finalidad el consumo de tecnologías proporcionadas por las multinacionales y las reformas del sistema financiero tienen como objeto principal el abaratamiento de costes o la relajación tributaria sobre las instituciones privadas de inversión, organización de mercados o crédito (Galindo, 2003, 2004). La solución ante un poder empresarial de tal magnitud no se halla en un sistema de Tratados entre países, sino en un futuro proceso de democratización en la toma de decisiones de ámbito europeo.
Así pues, no es arbitrario que una importante consecuencia de nuestro análisis sea el redescubrimiento del tema de la política industrial europea, que determina en último término el coeficiente de penetración de corporaciones, el ahorro externo y el intercambio desigual, que se han postulado como decisivos para explicar el crecimiento económico y el estancamiento desde 1990. Lamentamos contradecir aquí al profesor Paul Krugman del Massachusetts Institute of Technology (MIT), pero en retrospectiva, sus planteamientos sobre la politica de competencia habían resultado erróneos y el entonces criticado Presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors (y en ese mismo punto, el Presidente William Jefferson Clinton) estaba en lo cierto, cuando Krugman escribió hace años, en Foreign Affairs acerca de Delors y la política industrial europea:
«En junio de 1993, Jacques Delors hizo una presentación especial a los líderes de las naciones de la Comunidad Europea, que se reunían en Copenhague, sobre el problema creciente del desempleo europeo. Los economistas que estudiaron la situación europea tenían curiosidad de ver lo que Delors, presidente de la Comisión de la CE, diría. La mayoría de ellos compartía más o menos las misma diagnosis del problema europeo: Las tasas y regulaciones impuestas por los estados del bienestar elaborado en Europa han hecho a los empleadores reticentes a crear nuevos puestos de trabajo, mientras el relativamente generoso nivel de beneficio del desempleo ha vuelto a los trabajadores indispuestos a aceptar los tipos de empleos de bajo salario que ayudan a mantener el desempleo comparativamente bajo en Estados Unidos. Las dificultades monetarias asociadas con la preservación del el Sistema Monetario Europeo (SME) en presencia de los costes de la reunificación alemana han reforzado estos problemas estructurales.
Es una diagnosis persuasiva, pero políticamente explosiva y todos querían ver cómo Delors la manejaría. ¿Se atrevería a decir a los líderes europeos que sus esfuerzos en perseguir la justicia económica han producido desempleo como subproducto involuntario? ¿Se admitiría que el SME pudiera
¿Qué tenemos aquí? Delors no confrontó los problemas del Estado de bienestar o bien el del SME. Explicó que la causa raíz del desempleo europeo la falta de competitividad con respecto a Estados Unidos y Japón y que la solución era un programa de inversión en infraestructuras y alta tecnología.
Fue una evasiva desilusionante, pero no sorprendente. Después de todo, la retórica de la competitividad, la visión de que, en palabras del presidente Clinton, cada nación es «como una gran corporación que compite en el mercado global», se ha vuelto invasiva entre los líderes de opinión de todo el mundo. La gente que cree ser sofisticada acerca del tema, da por hecho que el problema económico que afronta cualquier nación moderna es esencialmente el de competir en mercados mundiales y que Estados Unidos y Japón son competidores en el mismo sentido que Coca-Cola compite con Pepsi, y no están prevenidos de que cualquiera podría cuestionar seriamente esa proposición. Cada pocos meses, un nuevo best-seller alerta al público americano de las terribles consecuencias de perder la «carrera» hacia el siglo XXI. Toda una industria de consejos sobre competitividad, «geo-economistas» y teóricos del comercio gestionado ha irrumpido en Washington. Mucha de esa gente, que ha diagnosticado problemas económicos en América en muchos de los mismos términos en que Delors hizo con los de Europa, está ahora en los más altos alcances de la Administración Clinton formulando la política económica y comercial de Estados Unidos. Así pues, Delors estaba usando un lenguaje que no sólo era conveniente sino confortable para él y para una amplia audiencia a ambos lados del Atlántico.»
(http://www.foreignaffairs.org/1994030 1faessay5094/paul-krugman/competitiveness-a-dangerous-obsession.html)
Nuestra investigación ha mostrado no sólo que en la década después de 1990 los Estados con política industrial que ganaron su relativa independencia vis-à-vis al capital transnacional acertaron, mientras que los aperturistas de mercado perdieron relativamente, sino también que la regulación -y no la desregulación- ayudó al ascenso europeo y japonés después de 1945, mientras la desregulación fue en detrimento de los europeos y japoneses para la mayor parte del siglo XIX y las más postrera del siglo XX. Así pues, pueden ser rescatados los viejos cuestionamientos críticos dirigidos hacia la teoría neo-clásica, por parte de economistas como Celso Furtado, Michal Kalecki, Gunnar Myrdal, François Perroux, Raul Prebisch, Paul Rosenstein-Rodan, Kurt Rothschild, Hans Singer y otros. La desregulación ayuda, pero ayuda al centro dominante a mantener e incluso incrementar su posición de liderazgo, y desde luego no a las naciones tecnológica y políticamente más débiles de la periferia y semi-periferia.
Esto abre, como afirmamos más arriba, la caja -esperemos que no la de Pandora- de la política industrial. ¿Tiene Europa tal política en sentido pleno, o es que la sabiduría europea se reduce, por formularlo de un modo polémico, al 3%, es decir, a los criterios de Maastricht? En función de nuestro análisis, la política industrial es la condición sine qua non de una respuesta real europea a la estrategia del poder global del militarismo keynesiano de Estados Unidos, que siempre antepone la bienandanza de las corporaciones transnacionales de EE.UU. a la ideología.
La efectividad depende de las características de la organización de los mercados y la estructura de las instituciones políticas y la tradición de cierre de relaciones entre Estado y empresas para «resolver» problemas, en el sentido de cancelar, más que solucionar.
La dependencia polariza y en último término deforma el desarrollo, como Cardoso y Faletto predijeron. Por supuesto, esto no implica que no se produzca ningún «desarro-
El debate europeo es tal que los referéndos deben decidir si Turquía será capaz de acceder incluso después de pasar con éxito todos los obstáculos de la negociación. Se dice que la cultura musulmana es incompatible con la democracia. Pero como muestra la experiencia de varios países musulmanes -más notablemente, Turquía-, el Islam es compatible con la democracia. Nuestra investigación muestra, con un nivel de error del 10% (de significación bilateral) que muchos países musulmanes y no musulmanes son tan indemocráticos porque son pobres, o porque no son como las ya maduras sociedades capitalistas y algunos lo son porque confían demasiado en el ahorro externo, porque sufren el intercambio desigual (céteris páribus dependencia en el ahorro externo es todavía un mal menor en estos casos e incluso contribuye a un efecto positivo en la democratización) y tendrían que privatizar su sistema educativo. Hay una tendencia hacia la violación de derechos políticos, sin perjuicio de esto, pero precisamente por el hecho de que un país sea miembro de la EU, mientras que la pertenencia a la Organización de la Conferencia Islámica es significativamente NO asociada con la violación de derechos políticos. De seguro, la dependencia ofrece a las élites nacionales y a los agentes decisorios europeos alguna salida positiva también, que no puede ser subestimada: El ahorro externo está asociado con una concentración de la tasa de tasa de ingresos muy inferior a la de los mecanismos que fomentan el ahorro nacional; la penetración de corporaciones -céteris páribus- está asociada con mejores tasas de democratización
En este momento, pedimos permiso para discutir también los efectos de variables, normalmente asociadas en Europa con las actividades de los Ministerios de Asuntos Sociales. Es seguro que una estructura de población envejecida introduce un elemento de escasez de mano de obra con el doble efecto de aliviar la polarización de ingresos pero también incrementar la demanda de trabajo femenino en el mercado laboral. Ceteris paribus también está claro que las poblaciones envejecidas, por la escasez implícita de mano de obra, presentan una demanda mayor de tecno-logías intensivas en capital y energía, la más que evidente sustitución (el coeficiente es 5 veces mayor que la desviación típica del estimador) no es nada sorprendente. Además, deberíamos diferenciar entre los efectos de las políticas diseñadas para prevenir la extrema pobreza (medida por el porcentaje con esperanza de vida no superior a 60) y políticas diseñadas para proveer a la sociedad una gran medida de protección social (medida por la escala de análisis factorial de 35 indicadores sociales). Sin ninguna sorpresa, ambas políticas incrementan significativamente la cohesión social (medida por nuestra variable: Diferencia en ingreso /consumo entre el 20% superior y el 20% inferior). También incrementan significativamente la representación femenina (medida por el empleo femenino, comparado con el masculino); sin embargo, los Estados socialmente activos tienen un input relativamente intensivo en energía.
El intervencionismo del Estado en la Economía, en cambio, la variable maestra del discurso neoliberal, sólo tiene dos efectos significativos en nuestras variables de Lisboa, en nuestro diseño de investigación de 130 países. Si el profesor Krugman estuviera en lo cierto, habría efectos significativos masivos para la variable intervencionismo del Estado -o su inversa, la libertad económica- y las 6 variables que aquí se estudian. Sin embargo, resulta que el intervencionismo del Estado PUEDE acarrear una menor tasa de tensión medioambiental (medida por las emisiones de CO2 per cápita), y ciertamente los mercados libres son mucho más compatibles con el empleo femenino en la sociedad. Pero en caso contrario el efecto no está tan claro como los neoliberales esperarían.
Europa también tiene mucho que aprender de la Investigación y Desarrollo de Estados Unidos, así como de su política educativa universitaria y sus éxitos en representatividad y desarrollo de género.
Dejar de reconocer el antes mencionado marco político sólo incrementaría la «latinoamericanización» del continente europeo. Argentina podría ser, cada vez más, nuestro futuro:
«En 1960, el ingreso real per cápita en Argentina, medido en dólares de 1985, fue $4.500, comparado con $900 en Corea del Sur y $3.000 en Japón. A pesar de la agitación política y económica de los 80, Argentina permaneció básicamente próspera en 1997, el día que precedió al despegue de la crisis actual, el ingreso per cápita de Argentina, a precios corrientes, fue en torno a $8.600, lo que situó su credibilidad en el rango superior de los países de ingresos medios» (Salah El-Amrusi en Al Ahram Weekly, http://weekly.ahram.org.eg/ 2002/569/ec3.htm).
Dejar de aprender de la debacle de las estrategias neoliberales puristas es también fallar en aprender de América, que tuvo tanto éxito no por su ideología, sino a pesar de su ideología de libre mercado, es decir, por su keynesianismo bélico en práctica. Una estrategia neoliberal purista se aplicó en amplias partes del resto del mundo desde finales de los años 70. El éxito de esta estrategia es más bien confuso. Los ingresos en poder real de compra de las series de datos disponibles en las instituciones internacionales de desarrollo testifican a favor de este efecto. Amplias partes de nuestro planeta fueron una vez más ricas, en términos reales, que en 2000; un gran número de países experimentaron decenios de empobrecimiento económico real en torno al último cuarto de siglo. La base de datos electrónica
[ VEA LOS MAPAS EN EL PDF ADJUNTO ]
Así que en resumen, Europa haría bien en seguir la senda Delors y no la argentina.
Bibliografía adicional
* Los datos para este análisis y una versión completa del trabajo en inglés están disponibles en la página web: http://www.lalisio.com/group/4711/documents/
* Por motivos de brevedad, sólo se ofrecen las siguientes referencias. A los lectores interesados se les remite a los análisis recientes de TAUSCH y GALINDO citados a continuación:
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